El Valle del Cauca presentó el documento “Valle del Cauca: Prioridades Regionales 2026–2030”, una agenda que consolida años de trabajo articulado entre el sector público, empresarial y gremial para definir las principales apuestas de desarrollo del departamento.

48 organizaciones del territorio trabajaron en la construcción de esta agenda, que prioriza 12 proyectos estratégicos en infraestructura, salud, educación y seguridad, orientados a cerrar brechas y fortalecer la competitividad de la región.

Más que una lista de iniciativas, esta agenda recoge proyectos clave para el futuro del departamento, entre ellos el tren de cercanías, el dragado de Buenaventura, la vía Mulaló – Loboguerrero y el acceso a agua potable.

Además, el documento prioriza iniciativas que buscan mejorar la calidad de vida, fortalecer la competitividad y avanzar en el cierre de brechas en el departamento.

Consulte la infografía y el documento completo a continuación:

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En esta época electoral, a nuestra región vienen muchos candidatos a la Presidencia. También arrancan las campañas de muchos representantes a la Cámara y senadores que quieren reelegirse o los que por primera vez aspiran a ser parte del Legislativo. Esta coyuntura nos obliga a revisar cómo le ha ido a la región en los últimos cuatro años, ya que debemos incidir en que los que quieren llegar al Ejecutivo o al Legislativo con votos en nuestra región se comprometan con las grandes apuestas de nuestro territorio.

En términos de la asignación presupuestal de la Nación, en los últimos ocho años reportados (corte 2024), al Valle del Cauca se le han apropiado cerca de 31 billones, cifra considerablemente inferior a la de Antioquia (47 billones) y Bogotá, con $ 57 billones.

Si bien el número de habitantes tiene cierta influencia en los montos asignados, en sectores como transporte, que no dependen de estos parámetros poblacionales, al Valle se le asignaron para el mismo periodo $ 4,1 billones, mientras que Antioquia recibió una asignación de $ 13,7 billones. Precisamente, las gestiones que se han realizado desde la región para proyectos como el de la doble calzada Buga – Buenaventura han contribuido al aumento del presupuesto regionalizado para el Valle del Cauca. Las vigencias futuras comenzaron a girarse el año pasado por un valor de $ 395.900 millones, lo que contribuye a reducir la brecha frente a Antioquia y Bogotá. Lo claro es que, revisando los presupuestos nacionales, al Valle del Cauca se le ha aumentado el presupuesto, a precios constantes, el 31 % en los últimos cinco años.

Este ejemplo nos demuestra que hemos avanzado en términos de incidencia regional, pero nos deja claro que aún tenemos un camino largo por recorrer en otros frentes de infraestructura de transporte y movilidad urbana. También, que debemos exigir mayor apoyo nacional en asuntos como la PTAR Cañaveralejo y el sistema de acueducto de Buenaventura, además de proyectos estratégicos de energía y de infraestructura educativa, solo para mencionar algunos.

Para entrar en detalle y haciendo un balance de los grandes proyectos de infraestructura, debo decir que tenemos logros, pero también frustraciones. Para empezar con lo bueno, el Valle del Cauca tiene dos proyectos 5G en construcción: la Nueva malla vial del Valle, con ejecución del 47 %, y el corredor Buga-Buenaventura, que ya mencionaba, con un avance del 18 %. Estos proyectos tienen retos como todos los de infraestructura, pero se han estado ejecutando y ya empezamos a ver las obras. Desde el punto de vista regional, tenemos la Santander de Quilichao-Popayán, que está en un 46 % de avance, pero que ha sido seriamente afectada por los temas de seguridad.

En cuanto a las frustraciones, sin duda la lista la encabeza el Tren de Cercanías, proyecto al que el actual Gobierno Nacional le negó los recursos de cofinanciación, por lo que la primera tarea de la bancada de congresistas del Valle y del Presidente electo es asegurar el aval técnico y los recursos por el 70 % del valor total del proyecto. Así mismo, es clave la cofinanciación de flota eléctrica para el MIO, tal cual como lo hicieron con Bogotá para el Transmilenio antes de finalizar la Ley de Garantías.

En cuanto a la vía Mulaló - Loboguerrero, es inconcebible que en cuatro años no se haya logrado acordar las condiciones para el inicio de su construcción. También que no se haya logrado finalizar la estructuración integral del dragado de Buenaventura ni asegurar los recursos para iniciar las obras de profundización del canal, vital para el comercio de Colombia con el mundo.

También está la nueva concesión para la modernización del aeropuerto Alfonso Bonilla Aragón que no se adjudicó y que hoy nos tiene con la Aerocivil como operadora del aeropuerto, haciéndonos perder competitividad y recursos importantes para Palmira.

Este es solo el resumen de los temas de infraestructura, pero los asuntos relevantes pasan también por temas sociales tan importantes como la educación de calidad que requiere nuestra región y la mejora de la salud que tan afectada se ha visto en los últimos años. Así mismo, está todo lo relacionado con la seguridad que se viene deteriorando exponencialmente en todo el suroccidente. El llamado es claro: pidamos con una sola voz que nuestras prioridades sean tenidas en cuenta y convertidas en realidad. No hablemos de deudas, pero sí exijamos lo que necesitamos.

Tomado de elpais.com

Tener energía eléctrica, gas y combustibles líquidos, es decir, energía en sentido amplio, es fundamental para realizar actividades cotidianas como cocinar, transportarnos, fabricar productos, estudiar, iluminar espacios y entretenernos, entre otros usos. Sin duda, las cosas que podemos hacer gracias a la energía son muchas.

En Colombia, como resultado de las reformas que se hicieron a partir de la crisis energética de los 90, el sistema eléctrico ha logrado consolidar un abastecimiento y suministro confiable en casi todo el territorio nacional, con una cobertura cercana al 99 %. En términos de gas natural, el avance ha sido también significativo en el país, a pesar de que su masificación es reciente, hoy 36 millones de colombianos dependemos del servicio de gas natural.

A primera vista, el panorama no pinta mal. Sin embargo, la discusión de la transición energética y los falsos dilemas entre el bien común y los intereses particulares de algunas comunidades – sin dejar de lado la lucha política e ideológica por las tarifas eléctricas- nos han puesto en una situación compleja en materia energética como país y región.

Para el Valle del Cauca, el Cauca y todo el suroccidente el panorama no es mejor. La región, a pesar de ser una gran consumidora de energía eléctrica, especialmente por la importante participación de las industrias de alimentos, bebidas, productos químicos, papel e imprenta, no es un gran generador. Solo generamos la mitad de la energía que consumimos, lo que no sería un problema si el sistema de transmisión no tuviera retos en el futuro cercano y los proyectos nuevos de generación estuviesen entrando en operación en los plazos estimados, pero no es el caso.

Por otro lado, con el gas natural la situación tampoco es favorable, aun cuando solo el Valle del Cauca cuenta con 1.2 millones de personas con acceso al gas natural, siendo el quinto consumidor de gas natural del país y el segundo de gas industrial y gas natural vehicular. A pesar de estas cifras, el suroccidente no tiene yacimientos de gas cercanos y nuestra única fuente de suministro proviene del gasoducto Yumbo – Mariquita, que ya tuvo una falla en el 2023 y que en un escenario como el actual, con escasez en la oferta de gas, nos pone en una situación vulnerable en términos de confiabilidad y competitividad, debido a los altos precios.

En los últimos años, hemos hablado de manera parcializada de la importancia de la entrada de algunos proyectos que nos darán confiabilidad energética, todos ellos importantes. Sin embargo, debemos abordar la discusión sobre nuestro futuro energético desde una perspectiva regional y más ordenada. Esto implica precisar nuestras apuestas productivas y sociales para así definir la energía que necesitaremos para habilitar estas apuestas comunes.

En ese sentido, ProPacífico y el Centro de Estudios Regionales en Energía, junto a varios de los actores más significativos de la región hemos venido trabajando en un estudio que nos permitirá conocer cuál es ese portafolio de iniciativas estratégicas, regulaciones y proyectos que desde la región debemos impulsar para garantizar nuestro abastecimiento y confiabilidad energética a precios competitivos.

Este es y será un documento vivo que seguiremos construyendo entre todos. Por eso quiero invitarlos al foro ‘Energía: Palanca Para el Desarrollo’ que vamos a tener el próximo 10 de diciembre en el Hotel Intercontinental de Cali desde las 8:00 a.m. La energía debe ser un asunto de todos, ya que con ella no solo somos más competitivos, sino que tenemos mejor calidad de vida para los ciudadanos.

Tomado de elpais.com

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