Nuestro plan es ejecutar los recursos comprometidos en 4 años, pero estamos listos para adelantar recursos en la medida en que los proyectos estén listos.

Pasado un mes y medio del terremoto, varias cosas han empezado a cambiar. En los primeros días, el sentido de urgencia nos movilizó masivamente: todos buscábamos cómo ayudar, aparecían recursos, manos y soluciones para atender lo inmediato. Nadie quería quedarse al margen frente a la magnitud de lo que estaba ocurriendo. Sin embargo, con el paso de las semanas, las ayudas humanitarias que vimos los primeros días han empezado a bajar de una manera exponencial, y la atención sobre la emergencia se reduce, aunque las necesidades de miles de familias sigan allí. Cada vez es más evidente que, a pesar de las acciones tempranas y las buenas intenciones de los mandatarios y del sector privado, las soluciones temporales y definitivas no van a llegar tan rápido como se necesitan.

Para quienes enfrentamos una emergencia de esta magnitud por primera vez, nos pareció difícil aceptar lo que nos dijeron los expertos, que desde el primer momento advertían que esto iba a pasar. Los tiempos de la necesidad de las familias y los tiempos de las soluciones son muy diferentes, y eso genera una frustración que debe entenderse y, sobre todo, manejarse. Obviamente, muchos quisieran que todo pudiera ser exactamente como antes y lo más rápido posible. Sin embargo, y tristemente, la realidad es otra. Las soluciones en algunos casos tardarán meses o incluso años.

Decir esto no es ser pesimista ni resignarnos a que las cosas avancen lentamente, porque ya he escrito aquí mismo que considero que esta es una gran oportunidad para reconstruir no solo los edificios, sino nuestro tejido social. Sin duda, a pesar de los daños y el dolor, este terremoto nos deja una gran oportunidad para pensarnos diferente y reconstruirnos de otra forma. Pero es claro que, pasadas las semanas, debemos entender mejor la dimensión del reto para enfrentarlo bien, y saber que esto tomará tiempo, y debemos ser claros en esto y ajustar las expectativas de todos, hablar con transparencia sobre los plazos y mantener el sentido de urgencia de los primeros días.

Lo anterior no quiere decir que no trabajaremos sin descanso para hacerlo lo antes posible. En el caso de ProPacífico, gracias al apoyo decidido de los empresarios vallecaucanos y las empresas que operan en la región, hemos podido apoyar a los mandatarios y a las comunidades desde el minuto uno con ayudas humanitarias, entre otros temas, y desde hace semanas estamos pensando en las soluciones estructurales y en todo lo que sigue. Nuestro plan es ejecutar los recursos comprometidos en 4 años, pero estamos listos para adelantar recursos en la medida en que los proyectos estén listos.

En conclusión, debemos entender que la paciencia se agota y la solidaridad también puede hacerlo. Por eso es importante recordar que estamos lejos de terminar la emergencia y que seguimos necesitando todo el apoyo posible. Así mismo, debemos empezar a ser claros con los tiempos de la reconstrucción. No podemos dejar que las ganas de aportar y hacer nos nublen y dejemos de ser claros en la capacidad real que tenemos de accionar al ritmo que las que quienes resultaron afectados necesitan. Intentar contener la frustración o al menos reducirla debe ser una prioridad, por lo que debemos reforzar el trabajo en salud mental y apoyo psicosocial que se requiere en estas circunstancias, además de avanzar en la entrega de apoyos económicos que requieren las personas y los emprendedores afectados.

Todavía nos queda camino, pero si seguimos trabajando juntos y articulados, sin duda todos los retos anteriores serán menores y lograremos sacar posiblemente lo mejor de una circunstancia tan compleja como la que estamos viviendo.

Tomado de elpais.com

Uno de los efectos más graves que tuvo el terremoto del 10 de agosto es sin duda la afectación a la educación y su infraestructura. En Cali, de 338 sedes educativas, 102 requieren algún tipo de atención y de ellas, 8 presentan requerimientos de obras de gran envergadura. En el Valle del Cauca, de las 1043 sedes educativas 230 están en estado crítico. En Buenaventura, se identifican 31 sedes en colapso parcial y 6 en colapso total. Al final, estos datos son niños que hoy no están yendo a su colegio y tristemente, en los casos que es posible, han tenido que volver a la virtualidad, una metodología que desde la pandemia comprobamos no funciona para nuestros niñas y niños.

Debemos tener claro que garantizar la continuidad educativa debe ser una prioridad de la reconstrucción, sobre todo si tenemos en cuenta que la educación es el vehículo mediante el cual nuestros niños y niñas, adolescentes y jóvenes no solo acceden a este derecho fundamental, sino también a estrategias complementarias de protección, alimentación escolar, cuidado y acompañamiento. Por ello, el retorno a las aulas debe garantizar condiciones de seguridad, protección, acogida y bienestar.

Sin duda el regreso a la escuela es fundamental y urgente, pero más allá del hecho físico de retorno a las aulas, es necesario generar espacios de contención emocional, reconstrucción de vínculos y participación comunitaria, entendiendo la educación como un eje para la recuperación no solo individual sino colectiva.

En el marco de esta necesidad emergente, la Agenda Regional y la Apuesta Departamental por la Educación adquieren un rol estratégico para movilizar esfuerzos colectivos. La reconstrucción debe articularse con las apuestas que ya existen en el territorio y evitar la creación de iniciativas aisladas o desconectadas entre sí. Las cinco líneas estratégicas de trabajo: competencias básicas, habilidades socioemocionales, profesores preparados y motivados, educación inicial y pertinencia educativa, deben dialogar con el propósito de la reconstrucción. Estas apuestas deben contribuir de manera articulada a garantizar la presencialidad y una educación de calidad para todos los niños, niñas, adolescentes y jóvenes.

En Cali, gracias a la mesa de articulación público-privada, más de 13 fundaciones privadas han apadrinado a más de 46 instituciones educativas de Cali, movilizando capacidades y recursos alrededor de la recuperación de las comunidades educativas. De manera complementaria, a través de El Mejor Lugar para CreSER, se viene apadrinando a más de 23 municipios del Valle del Cauca con acompañamiento psicosocial dirigido a más de 5200 niños y niñas, lo que representa una oportunidad para construir una respuesta regional que garantice integralidad, articulación y pertinencia territorial frente a los desafíos de la reconstrucción.

El Plan Decenal de Educación que venimos construyendo en Cali, con el liderazgo de la Secretaría de Educación Municipal, cobra una relevancia aún mayor en este contexto, al constituirse como la oportunidad para trazar una hoja de ruta clara sobre el futuro de la educación durante los próximos diez años. La emergencia debe incorporarse como un elemento que permita repensar las prioridades, capacidades y condiciones necesarias para garantizar una educación resiliente y de calidad. El diagnóstico participativo de este plan decenal será fundamental para orientar esta visión de futuro. Escuchar a las comunidades educativas permitirá comprender no solo las afectaciones actuales, sino también identificar problemáticas estructurales, prioridades territoriales, ejes de trabajo, aspiraciones y la visión de educación que los diferentes actores proyectan para Cali y el Valle del Cauca.

Estamos viviendo un momento crítico que exige actuar con sentido de urgencia, pero también con visión de futuro. La reconstrucción de las instituciones educativas no puede limitarse a reparar lo que se perdió en términos de infraestructura únicamente. Debe ser una oportunidad para reconstruir con propósito: fortalecer el tejido social, recuperar la confianza, garantizar el retorno seguro y acogedor a las aulas y movilizar una gran alianza territorial que permita potenciar la educación que queremos para Cali y el Valle del Cauca. Porque reconstruir una escuela es también reconstruir oportunidades, trayectorias de vida y el futuro de una región.

Los próximos 22 y 24 de septiembre convocamos a toda la comunidad educativa ampliada del Distrito para construir, en el marco del Plan Decenal, la hoja de ruta de la educación que soñamos. Porque reconstruir va más allá de levantar paredes: significa volver a tejer confianza, esperanza y comunidad, haciendo de la educación el motor de las grandes transformaciones de nuestra región.

Tomada de elpais.com

El nuevo gobierno deberá dar señales, como lo ha dicho el presidente electo, de un gobierno para todos, que dé soluciones a los que votaron por él, pero también a los que no.

Tras las elecciones presidenciales, han sido muchas las reflexiones relacionadas con los retos y las oportunidades que tendrá el nuevo gobierno de Colombia, liderado por el presidente electo Abelardo de la Espriella y su vicepresidente José Manuel Restrepo. En lo relacionado con los retos, tras tener en cuenta lo obvio, es decir, en materia fiscal, salud, seguridad y energético, la mayoría coincide en que uno de los retos más grandes para el nuevo gobierno es gobernar para todos los colombianos.

No es un secreto para nadie que muchas personas (casi el 50 % de los colombianos), no se sienten representadas por las propuestas del presidente electo e incluso puedo decir que muchos tienen miedo, sienten que serán perseguidos e invisibilizados durante por los próximos 4 años. Muchos reconocen que durante el gobierno Petro no se avanzó tanto, sin embargo, sienten que aun sin cambios profundos el gobierno saliente al menos los vio y se sintieron (por fin) representados por un Gobierno Nacional.

Lo anterior no es menor si tenemos en cuenta que muchos criticamos al presidente Petro y su gobierno por dividir y no gobernar para todos. Por esto, el presidente De la Espriella no puede equivocarse en este aspecto, lo que implica ir mucho más allá de lo discursivo. Rápidamente, el nuevo gobierno deberá dar señales, como lo ha dicho el presidente electo, de un gobierno para todos, que dé soluciones a los que votaron por él, pero también a los que no.

Y lo anterior debe empezar evidentemente por generar medidas de choque en temas tan complejos como el de la salud; por eso una de esas acciones rápidas que deben ser implementadas es la de inyectar recursos al sistema. Los pacientes necesitan sus medicamentos y deben ser atendidos en condiciones dignas y en los tiempos mínimos.

En seguridad se deben mandar mensajes claros de recuperación del control territorial, pero también de atención integral, no solo en materia de prevención de la violencia, sino de alternativas lícitas para la población en zonas rurales, manteniendo un juicioso respeto por los derechos humanos y el DIH. También la seguridad urbana requiere mucha atención, y no se puede dejar a un lado el respeto a la protesta pacífica, que puede ser uno de los puntos de tensión con el gobierno entrante. Siempre entendiendo todos que la protesta no puede convertirse en afectaciones a bienes públicos y privados.

Además de la seguridad, que es una preocupación creciente, sacar a las personas de la pobreza y los temas sociales deben ser una prioridad y para esto existen dos caminos que debemos recorrer. El primero, que debería ser un acuerdo nacional, es mejorar la educación desde la primera infancia para nuestros niños y niñas. Ojalá este Gobierno haga lo que le corresponde en esta materia. Sin embargo, debemos ser conscientes de que hoy tenemos toda una generación sin buenas bases educativas y emocionales a la que hay que apoyar para salir de entornos de vulnerabilidad y generarle oportunidades reales y sostenibles. Acá los subsidios juegan un rol importante.

El segundo camino por recorrer precisamente tiene que ver con los subsidios, una herramienta que varios gobiernos han implementado, incluso el saliente. En esta materia, el presidente electo mencionó en campaña que no los quitaría, lo que tranquilizó a muchos. Sin embargo, ojalá los subsidios, sobre todo para los jóvenes y madres cabeza de hogar, migren hacia un sistema de entrega de recursos condicionados que permita desarrollar en quien los recibe la capacidad o el impulso de lograr un sustento autónomo y no una dependencia del subsidio.

Todo lo anterior, sin perder de vista que necesitamos inversión y crecimiento económico y muchos empresarios nuevos. Porque el futuro de Colombia está en que podamos generar y distribuir riqueza para todos

En lo que tiene que ver con el Valle del Cauca las prioridades están claras: el Tren de Cercanías, Buenaventura y el dragado de profundización del canal de acceso al puerto, la Ptar Cañaveralejo, la Mulaló – Loboguerrero, el aeropuerto Alfonso Bonilla Aragón y el agua para Buenaventura. El Valle del Cauca quiere ser parte fundamental de esa patria milagro que se plantea, aprovechando su posición estratégica, pero sobre todo la pujanza del empresariado que siempre ha estado presto para sacar la cara por este departamento. También tenemos unos liderazgos sociales muy potentes que hacen lo que nadie por esta tierra. El Valle del Cauca hoy está listo para que sin divisiones y con un propósito común trabajemos por este territorio que es de todos.

Posdata. Ojalá aprendamos a que en democracia estar en desacuerdo no es un problema y que justamente las reglas del juego y las instituciones están hechas para dar las discusiones sin tener que llegar a hechos de violencia.

Tomado de elpais.com.co

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