Cuando me regresé a Cali hace ya más de 9 años y me vinculé con ProPacífico, la FDI Pacífico en esa época, empecé a trabajar de cerca en temas de educación. En mi carrera profesional hasta ese momento no había tenido relación directa con el tema, ni siquiera en mi paso por el Gobierno Nacional. Obviamente, entendía la importancia y la necesidad de la cobertura y la calidad educativa para el futuro de nuestro país, pero no había entrado en el detalle y la complejidad de la materia.

ProPacífico resurgió con el propósito de impulsar grandes proyectos regionales, especialmente en infraestructura y por eso fue reconocida en sus primeros años, pero muy rápidamente comprendimos que si no trabajábamos en los componentes sociales como la salud, la educación y la inclusión social, sería muy difícil alcanzar el desarrollo.

En el Valle del Cauca muchas fundaciones familiares y empresariales han trabajado por décadas en la educación. Muchas han construido y operado Centros de Desarrollo Infantil (CDI), y/o colegios. También han estado enfocadas en la primera infancia, otras en los temas de mejoramiento de los aprendizajes fundamentales, mientras otras han estado involucradas en habilidades socioemocionales y orientación sociocupacional.

Sin lugar a dudas este trabajo ha tenido resultados importantes. No obstante, muchos tenían la sensación de que el impacto real no era tan claro. El Valle del Cauca y Cali han estado por años en los peores puestos del índice de competitividad regional del Consejo Privado de Competitividad en el pilar de educación. Por esto muy rápidamente supimos que el rol que podríamos jugar como organización era tratar de ser articulador de muchos de estos esfuerzos aislados para logra que de manera conjunta impactaran los indicadores en toda la trayectoria educativa.

Con una de las personas con quien primero hablé de este tema, tanto por su conocimiento -bien reconocido por todos- como por su rol como rector de la Icesi fue con Francisco Piedrahita. De esas charlas con él sin duda aprendí muchísimo, pero aún más importante fue ser testigo de su interés genuino por ser guía y consejero en esta nueva tarea que queríamos emprender: trabajar en la educación de nuestro departamento. Muchas de las cosas que se nos ocurrían o ya se habían hecho o no habían funcionado y otras requerían de alineación entre todos los actores, lo que no fue fácil en un primer momento.

En ese proceso, me acuerdo mucho cuando hacia el 2019 él me llamó porque creía que era necesario que el Valle del Cauca tuviera un observatorio de realidades educativas, me acuerdo de que me dijo que hablábamos mucho de educación, pero que teníamos poca información. Hoy, gracias a él, contamos con el ORE. Después llegó la pandemia y los indicadores en educación empeoraron, lo cual hizo que el reto fuera aún mayor.

Hacia el 2021, Francisco me dijo que era fundamental enfocarnos en la calidad de la formación de los futuros maestros y por eso desde ProPacífico becamos a seis jóvenes para que estudiaran programas que tuvieran ese énfasis en Icesi: tres en Licenciatura en Lenguas Extranjeras con énfasis en inglés; una en Licenciatura en Ciencias Naturales; una en Licenciatura en Literatura y Lengua Castellana y una en Licenciatura en Artes. Me acuerdo también, cuando hablamos ya por fuera de la rectoría de las cifras de cobertura neta y de calidad, y de sus preocupaciones por la jornada única (que aún no está implementada en su totalidad ni en Cali ni en el Valle del Cauca).

Hace un año el Consejo Directivo de ProPacífico le pidió que nos acompañara en esta instancia como uno de los miembros externos. Para fortuna nuestra aceptó y tuvimos el privilegio de contar con su sabiduría y su impulso siempre por la educación en este frente.

Tengo muy presente la alegría con la que llegaba a cada Consejo, sencillo, con los mejores aportes y consejos, siempre entusiasta. Recuerdo cómo se alegró a comienzos de este año cuando presentamos nuestra nueva planeación estratégica al Consejo Directivo y les contamos cómo habíamos decidido que la educación fuera un eje de trabajo independiente y no fuera solo un componente del eje social, por su importancia fundamental en el desarrollo. Como equipo de trabajo teníamos mucha ilusión de construir junto a él esta nueva etapa.

Tristemente ya no contaremos con sus consejos, experiencia y sabiduría, sin embargo, tenemos claro que el mejor homenaje que desde ProPacífico le podemos hacer es seguir trabajando por la educación de nuestro departamento. Hoy con una mejor capacidad de articulación entre los diferentes actores y ojalá con el convencimiento generalizado que si no trabajamos para que todos nuestros niños estén en el colegio y tengan la mejor calidad educativa no tendremos un mejor futuro.

Tomado de elpais.com.co

Sin importar su partido o ideología necesitamos un Bloque Parlamentario unido para que trabajemos juntos por los proyectos y prioridades de nuestra región.

Las elecciones del domingo al Congreso sin duda nos demostraron que la sensación de polarización de las últimas semanas no era imaginaria, sino completamente real. Sin embargo, con estos resultados –tanto a nivel nacional como regional- también cobra aún más relevancia el mensaje y la convicción de que las diferencias no pueden ser motivo para no trabajar juntos, sobre todo en lo que tiene que ver con los intereses de nuestro Valle del Cauca. Por esto, el llamado que le debemos hacer a los 9 senadores y 13 representantes a la Cámara elegidos del Valle es claro: sin importar su partido o ideología necesitamos un Bloque Parlamentario unido para que trabajemos juntos por los proyectos y prioridades de nuestra región.

La educación de calidad de nuestros niñas y niños debe ser una prioridad, pero aún más importante es que recuperemos a nuestras niñas y niños que se encuentran fuera del sistema educativo. Después de la pandemia, nuestra tasa de cobertura neta no supera el 80 % y lo que es aún más preocupante es que empeora en el nivel de educación media y con niveles de deserción superiores al promedio nacional. Si no trabajamos decididamente en la educación, no tendremos futuro como región y le seguiremos dejando nuestros niños en bandeja de plata a los grupos armados.

La salud también es y debe ser una preocupación común. Por encima de cualquier discusión ideológica, no se puede perder de vista que el gasto de bolsillo de los hogares creció y que el número de Peticiones Quejas, Reclamos y Sugerencias (PQRS) en el sistema de salud sigue aumentando. En este caso, como en muchos otros, la ideología no nos puede seguir jugando una mala pasada: la salud de los colombianos y sobre todo la de los vallecaucanos, debe ser una prioridad compartida.

Por otro lado, pero igual de importante está la seguridad, que es sin duda un habilitador del desarrollo y es el tema que menos debiera tener ideología. La falta de seguridad nos afecta a todos por igual y sin distinción socioeconómica a empresarios, líderes sociales, a los jóvenes, estudiantes, etc. No podemos perder de vista que la seguridad y las amenazas contra los derechos humanos se ha deteriorado aceleradamente en los últimos años, y que el apoyo y decisión del Gobierno Nacional en este frente es fundamental para enfrentar estos desafíos.

A todo lo anterior se suma obviamente los grandes proyectos de competitividad e infraestructura que el Valle del Cauca necesita sacar adelante: la concesión del Aeropuerto Alfonso Bonilla Aragón, la profundización del dragado de Buenaventura, nuestro tren de cercanías, la regasificadora de Buenaventura, la vía Mulaló - Loboguerrero, el acueducto de Buenaventura, el ferrocarril del Pacífico y la PTAR Cañaveralejo.

Todos estos temas exigen que nuestros congresistas se unan para estos propósitos de región, llevando a cabo acciones coordinadas y efectivas para hacerlos realidad. El reto no es menor y por eso hoy más que nunca el Valle del Cauca le hace un llamado al nuevo Bloque de Congresistas, a que entienda que representar a la región implica trabajar juntos por sus prioridades y que, si bien las diferencias políticas son legítimas, no pueden estar por encima de los ciudadanos y del desarrollo del departamento. Desde ProPacífico siempre estaremos listos para ser apoyo técnico y un hilo naranja que conecta para que logremos juntos estas grandes transformaciones, reconociendo que todos tenemos algo que aportar: el sector público en sus diferentes instituciones, el sector privado y la sociedad civil. Al Valle del Cauca y a Colombia no la sacamos adelante estigmatizando al diferente sino trabajando con él.

Tomado de elpais.com.co

Siguiendo con el ejercicio que arranqué en mi columna anterior, cuando hice un balance de los grandes proyectos de infraestructura, es pertinente detenernos en algunas prioridades adicionales que no dan espera.

La primera y más importante, teniendo en cuenta nuestra coyuntura, es la seguridad. El crecimiento de los cultivos ilícitos, que superan las 3 mil hectáreas de coca en el Valle del Cauca y las 31 mil en el Cauca, sumado al creciente control territorial por parte de los grupos al margen de la ley, nos obligan a exigir no solo mayor pie de fuerza y recursos para recuperar el control territorial, sino una política clara de sometimiento a la justicia de grupos armados organizados.

Así mismo, es fundamental una estrategia de prevención del reclutamiento clara y consistente, así como el fortalecimiento de programas de prevención de la violencia, sobre todo para nuestros jóvenes. Es un hecho que la violencia en nuestro país se ha transformado en los últimos años: los grupos criminales cada día tienen mecanismos más innovadores para reclutar a nuestros niños y jóvenes, aprovechando la precariedad económica, la deserción escolar y la falta de oportunidades. Por eso, además del control territorial, se requiere una presencia social efectiva del Estado que cierre estas brechas antes de que sean ocupadas por economías ilegales.

Otra prioridad inaplazable es la salud, porque no es sostenible seguir en la situación en la que estamos. El 80 % de los vallecaucanos hoy están afiliados a una EPS intervenida por el Estado, es decir, su control lo tiene el Gobierno Nacional a través de la Superintendencia de Salud. También es un hecho que el sistema está desfinanciado, que arrastra con deudas pasadas y que no ha visto un ajuste suficiente de la Unidad de Pago por Captación (UPC) en los últimos años, mientras que los costos de atención siguen aumentando.

Esto ha ocasionado que las deudas con las IPS sean cada día más insostenibles y que muchas hayan tenido que cerrar algunos de sus propios servicios, además de cerrarle las puertas a pacientes de EPS intervenidas, debido a las deudas acumuladas en los últimos años. Las largas filas de pacientes esperando por sus medicamentos se han vuelto costumbre. Sumado a todo lo anterior, el gasto de bolsillo en Colombia aumentó, pasando entre 2019 y 2024 de 15,8 % a 17,2 %. Además, en 2025 las PQRS en salud superaron los dos millones de quejas; eso significa un aumento cercano al 100 % entre 2022 y 2025. El sistema de salud colombiano no será el mismo después de los últimos años, pero sí debemos exigir reformas claras enfocadas no en la ideología, sino en la calidad y el acceso a la salud de todos los vallecaucanos y los colombianos.

Otra de las grandes preocupaciones es la educación de nuestros niños y niñas. En 2024, la cobertura neta de educación del Departamento fue de 75,8 %, 13 puntos por debajo del promedio nacional y muy lejos de departamentos como Antioquia o el distrito de Bogotá, que rondan el 90 %. A esto se suman las Pruebas Saber, que no hablan muy bien de nuestra calidad educativa. Estas cifras, en el contexto de violencia del suroccidente, se vuelven terreno fértil para los grupos al margen de la ley: jóvenes que desertan del colegio a edades tempranas quedan expuestos a economías ilegales que ofrecen ingresos rápidos allí donde el Estado no ha logrado garantizar trayectorias educativas completas.

Este problema se conecta directamente con otra realidad estructural: la informalidad laboral. En 2024, la tasa de informalidad en Colombia se ubicó alrededor del 56 %, según el Dane, y en regiones como el Valle del Cauca, esta cifra es incluso mayor para jóvenes y personas con baja calificación. Este panorama evidencia una desconexión persistente entre el sistema educativo y el mercado laboral. De ahí la urgencia de fortalecer programas de educación dual, mejorar la pertinencia de la educación técnica, tecnológica y universitaria, y articular de manera más decidida al sector productivo en la formación de talento. Sin estas transformaciones, seguiremos formando jóvenes para un mercado que no existe o empujándolos, por falta de opciones, a la informalidad o a economías ilegales.

Seguridad, salud, educación y empleo no son agendas aisladas, son piezas de un mismo rompecabezas que deben ser abordadas de manera integral. Cualquier esfuerzo en infraestructura o crecimiento económico quedará incompleto si no trabajamos de manera contundente en estas otras prioridades; es ahí donde no podemos equivocarnos. Además de exigir juntos los grandes proyectos de infraestructura regionales, debemos también ser claros en que la seguridad, la salud, la educación y el empleo son habilitadores fundamentales que requiere nuestra región para alcanzar el desarrollo.

Tomado de elpais.com

2021 ProPacífico · All rights reserved