Cada vez es más recurrente ver a los mandatarios más enfocados en sí mismos, en sus egos, sus políticas y sus ideologías y menos centrados en buscar soluciones para los más necesitados o pensando en el bien común. En lo personal, es absolutamente frustrante, soy una convencida de que quienes llegan al poder deben ser personas dedicadas y comprometidas con servir, siempre pensando en los ciudadanos, ¡en todos!, y no solo en los que votaron por ellos. Tristemente, tanto en Colombia como en otras partes del mundo, vemos más mandatarios que llegan al poder para imponer agendas personalistas y más preocupados por las redes sociales que por hacer que las cosas pasen y por mejorar la vida de la gente.

Ahora que entramos en etapa electoral y que todo el mundo se vende como salvador, esto solo nos debe hacer reflexionar. Colombia necesita mandatarios que fomenten la unión, que recojan y sobre todo que ejecuten. Transformar realidades es complejo, mucho más difícil que redactar un mensaje en X, por lo que se requieren planes concretos, sin revanchismos y más enfocados en las necesidades reales de todos los colombianos.

Como ciudadanos, no podemos olvidar que tenemos el mayor poder y una gigante responsabilidad: el del voto. A veces pasamos por alto que los buenos y malos gobernantes que hemos tenido —y que tendremos— llegaron allí gracias a nuestras decisiones. Por eso debemos escuchar propuestas con atención, pero también con un sano escepticismo. Las elecciones son un momento para soñar, con cambiar realidades, pero también para pensar con cabeza fría, exigir propuestas realizables y demandar que los gobiernos fortalezcan los proyectos de mediano y largo plazo. La lucha contra el continuismo como simple bandera electoral es riesgosa: todo gobierno tiene cosas por corregir, pero también iniciativas que vale la pena mantener, especialmente aquellas que requieren más de cuatro años para dar frutos.

Además del poder del voto, tenemos la potestad y el deber de hacer veeduría ciudadana en todo momento y sobre cualquier tema. Sé que suena idealista, pero es verdad. Tenemos la posibilidad de cambiar nuestras realidades, sobre todo si decidimos no seguir haciendo lo mismo y esperando que las cosas cambien.

En la época electoral, los políticos (o sus asesores de campaña) normalmente intentan avivar pasiones extremas para hacer que los ciudadanos votemos conforme a esas pasiones, pero la vida y el día a día no se definen de esta manera. Por esto, para no terminar en malas manos, debemos al menos intentar hacer más preguntas, cuestionar, analizar. No todo en lo público es como parece en los discursos, por eso como ciudadanos debemos ser más críticos y no tragar entero.

Me niego a pensar que la única solución sea votar por personas que todos los días nos ponen en bandos opuestos, que nos niegan la posibilidad de construir entre diversos y que, sobre todo, nos niegan la posibilidad de transformar realidades. Aunque me tilden de ilusa, seguiré mandando este mensaje, porque he visto de primera mano el poder de la construcción colectiva, el poder de la real sociedad civil, la que está compuesta por empresarios, líderes sociales y fundacionales que al final somos todos ciudadanos que creemos en nuestro país y que queremos lo mejor para todos.

Posdata. Aún no puedo creer que el Gobierno Nacional no le haya firmado el acuerdo de cofinanciación del Tren de Cercanías a nuestra región. Ninguna de las ‘razones’ son válidas. Ni las de la supuesta corrupción, ni las del proyecto en prefactibilidad que nos darán a cambio. Este proyecto está listo, había pasado todas las etapas técnicas, todo lo que se debía hacer en materia de gobernanza y de veeduría se podría hacer y ya que es posible y necesario. Los vallecaucanos seguiremos trabajando por este sueño que no es de unos mandatarios sino de todos los vallecaucanos. ¡Sí al tren!

Tomado de elpais.com

Me siento inmensamente orgullosa de mi Valle del Cauca, amo esta tierra y aunque me fui de aquí a mis 18 años a estudiar a Bogotá, siempre la llevé cerca de mi corazón. Los años que pasé fuera de Cali no fueron los mejores para mi ciudad y mi Departamento, lo digo porque era muy común oír que Cali estaba fea, que habíamos caído en el espiral de los malos gobiernos y la corrupción. Además, la narrativa de vallecaucano come vallecaucano era la regla en varias esferas locales y nacionales.

Cuando volví en el año 2017 me dio mucha alegría sentir que las cosas se sentían diferentes. Tanto en lo público como en lo privado se veían nuevos liderazgos, convencidos de que debíamos cambiar la narrativa y volver a trabajar juntos. Debo reconocer que desde ese momento hasta hoy no todo ha sido color de rosa. Incluso, vivimos una pandemia y un estallido social que nos obligaron a repensarnos y a trabajar más unidos. Tristemente, algunos sectores políticos aún no logran poner las discusiones políticas a un lado cuando se trata de reconocer que algunas cosas salen bien o cuando debemos unirnos por los intereses regionales. Esto definitivamente no implica que se deba dejar de hacer control político, pero algunas veces se siente que el dicho vallecaucano come vallecaucano sigue vigente.

Nadie desconoce que en Cali aún hay muchas cosas que se deben mejorar y muchos pueden considerar que la presente administración tiene aún deudas importantes. Sin embargo, no por eso se puede dejar de reconocer y celebrar hechos positivos que se dan en esta ciudad y que en lo personal me llenan de orgullo, como el concierto de Shakira y la reciente edición de la Feria Internacional del Libro de Cali que terminó este fin de semana, para solo dar unos ejemplos.

Con respecto al concierto de Shakira puedo decir, sin temor a equivocarme, que Cali no había tenido un concierto de ese nivel, no solo por la madurez artística de la barranquillera sino por el nivel de la producción del espectáculo, que no tuvo nada que envidiarles a los espectáculos de talla internacional. Así mismo, en materia económica, tuvimos 100 % de ocupación hotelera, 3000 empleos generados y más de 20 millones de dólares en beneficios para nuestra ciudad, según cifras oficiales.

Por su parte la Fil Cali 2025 llenó el Bulevar del Río de una verdadera fiesta literaria durante once días. Según datos de la organización a esta cita, que tuvo como país homenajeado a Colombia, asistieron más de 480 mil personas, es decir más de 43 mil personas por día, aproximadamente. Los que pudimos recorrer la feria tuvimos un espacio en el que como caleños nos encontramos con la excusa de la lectura y las buenas historias. Tuvimos escritores de la talla de Mario Mendoza, Ángela Becerra y Manolo Bellón, por mencionar solo algunos.

Para Compromiso Valle fue la oportunidad de presentar su libro ‘Construir desde la diferencia: así lo hicieron empresarios, líderes sociales y fundaciones en el Valle del Cauca’ y que más caleños conocieran, de la voz de algunas de las personas que lo han hecho posible, cómo hemos venido construyendo desde la diferencia desde hace más de cuatro años. También para que uno de nuestros líderes, Andrés González, presentara su libro ‘Prisioneros de esperanza’, que narra su historia de vida que es realmente inspiradora.

Cali y el Valle del Cauca siguen demostrando que somos un espacio de encuentro para la diversidad de perspectivas. Estos dos eventos no son acontecimientos aislados en Cali, son la muestra de que un cambio más profundo está ocurriendo y puede seguir ocurriendo si trabajamos juntos para alcanzarlo. No podemos comprar discursos de división y debemos trabajar por construir desde la diferencia estando de acuerdo en lo fundamental.

Posdata. Ojalá y a pesar de las voces locales en contra de nuestro tren de cercanías esta semana se cierre con la aprobación de la cofinanciación de este proyecto. Difícil imaginar una mejor señal para el porvenir.

Tomado de elpais.com

No sé cuántas veces he escrito sobre el Tren de Cercanías del Valle del Cauca en los últimos años. Desde que regresé a Cali y me vinculé a ProPacífico he tenido la oportunidad de estar muy cerca de este sueño de región y he podido ver su avance en cada una de las fases que son necesarias en este tipo de proyectos.

En 2017, de la mano del gobierno francés, con el liderazgo de la entonces gobernadora Dilian Francisca Toro y el alcalde Maurice Armitage y el apoyo de ProPacífico, que en su momento dirigía el actual alcalde Alejandro Eder, se arrancó la prefactibilidad de este proyecto en su historia reciente. En su momento se había estudiado la posibilidad de un metro para Cali, sin embargo, esta idea quedó descartada cuando se decidió arrancar con el MIO.

Muchos insisten en que se necesita un metro para la ciudad, así la prefactibilidad y la factibilidad de este proyecto digan que no es viable ni técnica ni financieramente, teniendo en cuenta la demanda. La realidad es que hoy se tiene un transporte masivo que, con sus falencias y mal comienzo, transporta más de 300 mil pasajeros y se le han invertido miles de millones. Al MIO no se le debe atacar, se le debe rodear para que cada día preste un mejor servicio y consolide su sostenibilidad financiera, teniendo en cuenta que para esto requiere integrarse con otros sistemas como el colectivo y el tren de cercanías, que en su paso por Cali cumplirá muchas de las funciones de un Metro.

Este tren, como ha sido planteado en su etapa inicial, entra a conectar a Cali con Jamundí, Palmira y Yumbo, arrancado con el primer tramo desde Jamundí. Esto parte de la base de que entre Cali y los demás municipios todos los días hay más de 222.000 viajes, con una tendencia a incrementarse, dado el rápido crecimiento urbano y poblacional de estos municipios. Arrancar con Jamundí tiene mucho sentido, ya que la demanda nos muestra que es el trayecto que tiene mayor necesidad y donde también existen mayores oportunidades para la renovación urbana.

Es muy importante no perder de vista los beneficios sociales que el Tren de Cercanías traerá con su desarrollo, como por ejemplo menores tiempos de viaje, lo que en esta primera fase representa una reducción del 33% (48 minutos en promedio) entre Jamundí y Cali. En materia de empleo, el tren generará más de 14.500 empleos entre directos e indirectos durante su desarrollo. Con la implementación del proyecto se reducirían las emisiones (313.000 toneladas de CO₂ evitadas en los primeros 10 años), lo que sin duda trae beneficios para nuestro medio ambiente.

Si hablamos de competitividad, el Tren de Cercanías es una apuesta estratégica, ya que fortalecerá la integración metropolitana a través de una oferta de transporte moderna, sostenible, eficiente y accesible. Sin duda alguna, el Tren de Cercanías es una apuesta que marcará el futuro del Valle del Cauca y mejorará la calidad de vida de miles de vallecaucanos.

También, es un ejemplo perfecto de cómo el trabajo conjunto y la unión de voluntades es indispensable para lograr las grandes transformaciones de nuestra región. Nuestro llamado al Gobierno Nacional para que avance en la firma del convenio de cofinanciación de nuestro tren. Sus beneficios sociales y su contribución a una región más equitativa deben superar cualquier diferencia política. El Gobierno Nacional es y debe seguir siendo parte de este proyecto que cada día que pasa pierde tiempo ya que tenemos como fecha límite el 8 de noviembre, cuando empieza la ley de garantías. No perdamos esta oportunidad, ¡este sueño es de todos!

Tomado de elpais.com

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