En 2022 más de 17 mil caleños participaron en la priorización de proyectos que convocó ‘Cali para mí’ como iniciativa de participación ciudadana para impulsar la transformación de la ciudad. En 2023 arrancamos muy temprano con Cali para mí 2.0, presentándole a un buen grupo de los precandidatos a la Alcaldía de Cali los resultados de dicha priorización. En esa reunión, y con razón, muchos de los asistentes nos dijeron que a buena parte de esos proyectos priorizados les faltaba más contenido, que eran meras ideas y que además esta priorización no tenía en cuenta dos grandes variables: los recursos para financiarlos y la capacidad de la administración para ejecutarlos.

Estos comentarios tenían todo el sentido. Desde el comienzo los aliados de la iniciativa supimos que el alcance de la misma no sería tener proyectos estructurados en detalle. Sin embargo, siempre consideramos mantener activa una conversación de ciudad para que fuera la misma ciudadanía que nos diera el detalle que los precandidatos nos estaban pidiendo. Sobre el tema fiscal, fue claro que era una limitante, pero es igualmente evidente que esta priorización les da señales contundentes a los futuros mandatarios de dónde invertir los escasos recursos.

Así arrancó la segunda fase de ‘Cali para mí’. Empezamos una serie de reuniones con expertos temáticos en las cuales tratamos de delimitar las conversaciones. Así mismo convocamos algunos grupos focales para estar seguros de que el lenguaje fuera entendible para posteriormente invitar a los ciudadanos a participar a través de una estrategia de redes sociales y talleres presenciales. Todo este nuevo ejercicio hizo que participaran alrededor de 8 mil caleños más.

Gracias a la participación de los ciudadanos, pudimos identificar que la prioridad para los caleños es la seguridad ciudadana. En este tema según la ciudadanía, se requiere emprender acciones para fortalecer el acceso efectivo a la Justicia, así como programas para la prevención social del delito (generación de oportunidades) y mayor presencia de la Fuerza Pública.

Por otra parte, en materia de educación los caleños participantes nos dieron a entender que las acciones deben estar encaminadas a que garanticen los mejores profesores para los niños y niñas. También, consideran que tener estrategias para el acceso y la permanencia escolar son fundamentales. Por otro lado, piensan que el fortalecimiento de competencias básicas como lenguaje y matemáticas y las habilidades socioemocionales son necesarias.

En uno de los proyectos que quedo altamente priorizado, el denominado ‘Cali cívica, diversa y unida’, los ciudadanos dieron señales claras a los candidatos: piden fomentar la cultura ciudadana, generar espacios de diálogo y concertación ciudadana, transparencia, así como promover la cultura de la legalidad y la comunicación efectiva entre la institucionalidad y la ciudadanía. Este es un proyecto que nos invita a reconocernos como la Cali que somos actualmente, diversa, pero que quiere ser cívica, con un nuevo civismo, y que tiene que estar unida para alcanzarlo.

No me alcanza el espacio de esta columna para hablar de cada proyecto, pero los invitamos a seguir mañana la presentación de los resultados. Pero si algo debemos seguir incentivando es la participación de todos los caleños. Para los que creen que la ciudadanía no tiene la capacidad de priorizar creo que estos resultados demuestran que los ciudadanos tenemos mucho más claro de lo que nosotros mismo creemos las prioridades para nuestro bienestar. Hacer que todo esto sea posible es responsabilidad de cada uno de nosotros, el voto y la veeduría son nuestras grandes armas.

*Tomado de elpais.com.co

En este punto nadie debería discutir la importancia que tiene la educación para el desarrollo de una región y por ende un país. Sin embargo, en muchas regiones de nuestro país, y tristemente en nuestro Valle del Cauca, seguimos viendo cómo la educación está lejos de ser fuente de desarrollo y un derecho garantizado para millones de niños.

Como cada año, nos sigue doliendo que el Valle del Cauca este en el puesto 5 del resultado general del Índice Departamental de Competitiva del Consejo Privado de Competitividad. Parte de la explicación de este desempeño sigue siendo que somos el puesto 21 en el pilar de educación básica y media. En este resultado se conjugan una muy mala cobertura en toda la trayectoria educativa, una alarmante deserción escolar en educación secundaria y media, y una baja inversión en calidad educativa. Aunque algunos podrán decir que mejoramos por que pasamos del puesto 24 al 21, lo cierto es que estar en esta posición es inaceptable para una región como el Valle del Cauca.

Desde otra perspectiva, la semana pasada fueron presentados los nuevos datos de pobreza multidimensional. Si bien quitando el año de la pandemia, desde el 2018 nuestro departamento venía bajando, en el reporte de este año presentamos un aumento de 1,1 puntos porcentuales. La explicación: bajo logro educativo, rezago escolar y trabajo informal, fueron los componentes de mayor incidencia entre los hogares. Esto evidencia nuevamente que la educación es la explicación de estos resultados, pues el trabajo informal, en buena parte de los casos, es el resultado de una mala calidad educativa o de deserción escolar, lo que les impide a los jóvenes acceder a trabajos formales.

Estos datos fríos los hemos podido comprobar en los últimos años con el trabajo de Compromiso Valle. Arrancamos con jóvenes que pedían oportunidades, muchos querían emplearse, mientras otros querían educación superior. No obstante, la verdad es que, aunque muchos tienen las ganas y la decisión, muchos de estos jóvenes no “la tienen fácil”. Como sociedad les hemos quedado mal; debido a las deficiencias en la calidad educativa, pues, aunque muchos han completado el bachillerato su desempeño en las pruebas Saber 11 no les posibilita entrar a educación superior, quedando así frustrados y relegados a una educación técnica también de mala calidad y poco pertinente.

A esto que ya es grave, se suman los que dejan el colegio en noveno grado porque no ven en la educación ningún beneficio y prefieren salir a la calle a buscar el sustento. Para ellos, transitar hoy a un empleo formal no es sencillo, entre otras cosas, por las grandes debilidades en competencias y habilidades socioemocionales de la gran mayoría de nuestros niños y jóvenes, lo que les impide y tomar decisiones adecuadas sobre sus proyectos de vida

No más discursos y buenas intenciones, ¡Necesitamos acciones concretas sobre lo que verdaderamente impacta el desempeño escolar y evita la deserción! Requerimos del trabajo articulado entre el sector público y el privado para detener este círculo vicioso en el que estamos. La educación debe ser el principio y el fin de cualquier visión de desarrollo. Invito a todos los que por estos días quieren hacerse elegir a cargos de elección popular que le ‘paren bolas’ a este asunto y que no perdamos más tiempo. ¡No les podemos seguir quedando mal a nuestros niños, niñas y jóvenes!

*Tomado de elpais.com.co

De los 22,1 millones de colombianos que están en edad de trabajar, el 57,9% no tienen un empleo formal, entendiéndolo, entre otras cosas, como aquel que paga al menos el mínimo y todas las prestaciones sociales de ley. Al leer la reforma que el gobierno radicó en el Congreso de la República, queda la sensación de que esta sólo les habla a los colombianos empleados. Entonces, ¿cómo la actual reforma responde a las necesidades de los colombianos que hoy no hacen parte del mercado laboral formal? ¿Es esta la gran reforma que realmente necesita Colombia? Con más de medio país en la informalidad, la respuesta es: NO.

A través de Compromiso Valle –herramienta de impacto colectivo que por más de 20 meses ha buscado crear oportunidades para los más vulnerables- hemos conocido miles de historias que nos han permitido identificar la cara de la vulnerabilidad en nuestra región: en su mayoría mujeres entre 18 y 28 años, 40% de ellas sin bachillerato y la mitad de ellas con uno o más hijos y buena parte se autorreconocen como afrodescendientes. Esto es consistente con lo que el Dane nos dice cada mes cuando identifica que el mayor problema de desempleo en nuestro país y región se concentra en mujeres, afrodescendientes, con hijos. Tener esas características no puede ser una sentencia a la pobreza y ese es precisamente el ciclo que está identificado y que debemos atacar y romper.

¿Cómo les responde la reforma laboral a estas mujeres? A través de Compromiso Valle hemos entendido que estas mujeres piden flexibilidad en sus horarios porque también quieren tener tiempo para dedicarles a sus hijos. Querer tener trabajo parcial no puede ser un privilegio de las mujeres con recursos. Piden, además, un sistema de cuidado más robusto, público y privado para la primera infancia y los adultos mayores, lo cual facilitará su empleabilidad. Es increíble la cantidad de mujeres que nos dicen que no pueden acceder a los trabajos disponibles, simplemente porque no tienen con quién dejar a sus hijos, abuelos o sobrinos. Solo para citar un ejemplo, buena parte de las guarderías reciben a los niños a las 8:00 a.m., y los entregan a las 4:00 p.m., pero, ¿qué trabajo formal de tiempo completo permite que una mamá lleve y recoja a sus hijos en esa franja horaria?

Más allá de la discusión de genero, ¿qué le dice la reforma a los jóvenes que no quieren quedarse toda la vida en la misma empresa? Los jóvenes de hoy quieren flexibilidad y un Estado que facilite a empleadores y empleados el tener contratos de trabajo por horas o días. Hoy es imposible contribuir al sistema de seguridad social parcialmente. Esto sólo deja por fuera de la formalidad a muchos trabajadores, dejándolos descubiertos ante riesgos laborales y desempleo, incentivando la informalidad, y por ende condenando a la pobreza a quienes tienen estas modalidades de trabajo que no son nuevas.

Es claro que la mayor demanda de flexibilidad no implica menos derechos, sino entender nuevas formas de trabajo como, por ejemplo, el trabajo por horas tan avanzado en otros países. Los riesgos laborales tienen que ser debidamente asumidos por el que tiene la mejor capacidad para hacerlo a través del régimen actual con las ARL o a través de seguros todo riesgo. Se debe regular un seguro de desempleo y no obligar a los empleadores a tener empleados que no necesitan.

En los discursos cabe todo, pero la realidad es mucho más compleja. La reforma laboral no es una guerra entre empresarios y trabajadores. Por el contrario, puede ser una oportunidad para darle opciones de vida reales a los millones de colombianos y colombianas que hoy no tienen acceso a la formalidad, ni a sus beneficios. Esto sin acabar con las micro y pequeñas empresas en el intento.

*Tomado de elpais.com.co

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