En estos últimos días de polarizada contienda electoral no hay espacio de encuentro, ya sea familiar o social, en el que no haya al menos una persona que nos diga o nos quiera evangelizar sobre cuál es el ‘único’ camino para tener el país que necesitamos. Es claro que cada ciudadano votará por quien considere que es el mejor candidato a la presidencia; sin embargo, no podemos perder de vista que, gane quien gane, la Colombia después del 22 de junio no será ni la que dicen los unos ni los otros. Será un país en la mitad de esas dos versiones que para muchos son completamente incompatibles.

Sin embargo, teniendo en cuenta el debate público, a continuación hablaré de algunos temas que parecen ser el agua y el aceite, pero que no pueden ser dejados de lado porque son el centro de los retos del país en la actualidad, temas que se les han puesto tintes ideológicos, desafortunadamente.

1. Seguridad. No es cierto que debamos elegir entre un país en paz o uno en guerra. Considero que nadie quiere un país en guerra y quienes piden control territorial y la no renuncia del monopolio de la fuerza por parte del Estado, lo único que reclaman es vivir precisamente en paz. Las conversaciones de paz que no tengan reglas, que no reconozcan a las víctimas y que, sobre todo, no tengan compromisos claros, lo único que traen es más violencia. Es triste ver cómo en muchos de los debates sobre el tema se pierde de vista lo evidente: que hay lugares de este país donde la paz nunca llegó y en otros a los que sí lo hizo, la seguridad tristemente se deteriora cada día más. Aunque nadie quiere vivir en guerra, la paz no puede buscarse a cualquier precio.

2. Crecimiento económico. Para algunos, hablar del sector empresarial, de las grandes inversiones que se requieren por parte del Estado y del sector privado para crecer, así como de la regulación que permite ese crecimiento, es absolutamente contrario a hablar de economía popular, de pequeños negocios, de empleo de calidad y de oportunidades para los más jóvenes. Esta aparente contradicción no puede ser más errónea. El crecimiento económico se requiere, así como las grandes inversiones, pero también es necesario que todo esto se traduzca en empleo de calidad y bien remunerado y que se les dé oportunidades a los que más lo necesitan (por eso la importancia de la educación de calidad en toda la trayectoria). Sin duda, todo lo anterior debe estar de la mano del fortalecimiento de la llamada ‘economía popular’ vía encadenamientos y, al mismo tiempo, del crecimiento y regulación diferencial. Este país necesita más emprendedores, más hombres y mujeres que quieran hacer empresa y quieran literalmente comerse el mundo.

3. La pobreza. Y lo anterior nos lleva al reconocimiento de que, para muchos, las oportunidades no existen, que hay un país muy pobre y vulnerable que requiere ser visto de otra manera. No para dejarlo en esa pobreza, con subsidios o programas asistencialistas que solo los sentencian a una vida permanente de limitaciones. Por el contrario, se requiere un reconocimiento de esa vulnerabilidad para poner un butaco que permita tener un país equitativo, con oportunidades para los más jóvenes y una vida digna para los más viejos. Por eso la educación de calidad para todos debe ser nuestro mejor aliado. Necesitamos educar a las nuevas generaciones con todas las herramientas para que este país crezca seguro y con oportunidades para todos.

Finalmente, y muy importante, el cumplimiento de las reglas del juego. Vivir en sociedad requiere reglas claras que nos regulen a todos. No podemos pedir derechos sin tener claro que todos como ciudadanos tenemos deberes y obligaciones. La mejor manera de cuidar la diferencia es que todos cumplamos las reglas que como país decidimos que nos regulaban en nuestro contrato social, arrancando por la Constitución, las leyes y el funcionamiento de nuestras instituciones.

Ojalá entendamos que, dejando el mundo político a un lado, como colombianos no estamos tan alejados y que requerimos avances en seguridad, crecimiento económico, reducción de la pobreza y respeto por el cumplimiento de las reglas del juego. El día después de las elecciones, el trabajo de todos debe ir en esa dirección.

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Posdata. Debemos creer en nuestras instituciones y en el proceso electoral. Necesitamos buenos ganadores y, aún más, mejores perdedores.

Tomado de elpais.com.co

Este 2026 arrancó con una noticia muy grave para Colombia, pero en especial para el Valle del Cauca, con el anuncio del presidente de Ecuador, Daniel Noboa, de imponer una tasa del 30 % a las importaciones y exportaciones entre su país y el nuestro. El motivo: la difícil situación de seguridad en la frontera y, según él, la poca proactividad del gobierno colombiano para solucionar ese problema.

La relación comercial entre ambos países no es menor. Colombia tiene con Ecuador un superávit en el balance comercial cercano a US$1016 millones, uno de los más relevantes dentro de la Comunidad Andina. Para el Valle del Cauca, además, Ecuador es el segundo socio comercial en términos de exportaciones, después de Estados Unidos. Por cercanía geográfica y estructura industrial, este mercado resulta estratégico en sectores como manufactura, alimentos, químicos, empaques y preparaciones capilares y para higiene bucal.

Ecuador es el mercado natural de la industria vallecaucana y de todo el suroccidente colombiano, pero también es un proveedor importante para su industria, si tenemos en cuenta que el Valle concentra 17,8 % del total de importaciones desde Ecuador hacia Colombia; es decir, casi 1 de cada 5 dólares que llegan desde ese país terminan en la región y gran parte de estas importaciones son insumos para nuestras cadenas productivas.

Las primeras señales de impacto por esta medida ya son visibles: entre enero y febrero de 2026, las exportaciones colombianas a Ecuador cayeron 27 %, afectando cerca de 2700 empresas exportadoras del país. Esta afectación no es solo para las grandes empresas; en muchos casos se trata de empresas que están iniciando su trayectoria exportadora y que encuentran en Ecuador un primer paso por su cercanía, costos logísticos y afinidad comercial. Como si el panorama no fuera ya difícil, todo lo anterior se agravó aún más con el anuncio del gobierno ecuatoriano hace un par de semanas del aumento al 100 % de los aranceles entre los dos países. Como vallecaucanos debemos ser muy conscientes de la gravedad de los efectos de esta situación.

Por esto debemos pedirle al Gobierno Nacional una respuesta estratégica, que active todos los mecanismos diplomáticos y de cooperación existentes, no solo para mitigar los efectos inmediatos, sino para atender las causas estructurales de esta compleja situación. Algunos piensan que el Gobierno Nacional no puede hacer nada para solucionar esta situación; sin embargo, como colombianos debemos exigirle una posición más proactiva en la búsqueda de la solución, entendiendo que la decisión la tomó el presidente de Ecuador.

La experiencia internacional muestra que la negociación y coordinación pueden solucionar estos problemas. Un ejemplo reciente fue el aumento de aranceles que impuso el presidente Donald Trump en Estados Unidos y que llevó a muchos países, incluido Colombia, a volcarse a buscar -a partir del anuncio- negociaciones para tener tarifas más beneficiosas para sus países. Según lo han registrado los medios, lo que está pidiendo el presidente de Ecuador es más coordinación y acción binacional en la frontera frente a las acciones de violencia y lucha contra el narcotráfico. Esta solicitud no debería ser tan difícil de atender, sobre todo entre dos países históricamente hermanos. En conclusión, esta situación con Ecuador no puede ser un problema de unos pocos, sino un llamado de toda una región.

Tomado de elpais.com.co

Sin importar su partido o ideología necesitamos un Bloque Parlamentario unido para que trabajemos juntos por los proyectos y prioridades de nuestra región.

Las elecciones del domingo al Congreso sin duda nos demostraron que la sensación de polarización de las últimas semanas no era imaginaria, sino completamente real. Sin embargo, con estos resultados –tanto a nivel nacional como regional- también cobra aún más relevancia el mensaje y la convicción de que las diferencias no pueden ser motivo para no trabajar juntos, sobre todo en lo que tiene que ver con los intereses de nuestro Valle del Cauca. Por esto, el llamado que le debemos hacer a los 9 senadores y 13 representantes a la Cámara elegidos del Valle es claro: sin importar su partido o ideología necesitamos un Bloque Parlamentario unido para que trabajemos juntos por los proyectos y prioridades de nuestra región.

La educación de calidad de nuestros niñas y niños debe ser una prioridad, pero aún más importante es que recuperemos a nuestras niñas y niños que se encuentran fuera del sistema educativo. Después de la pandemia, nuestra tasa de cobertura neta no supera el 80 % y lo que es aún más preocupante es que empeora en el nivel de educación media y con niveles de deserción superiores al promedio nacional. Si no trabajamos decididamente en la educación, no tendremos futuro como región y le seguiremos dejando nuestros niños en bandeja de plata a los grupos armados.

La salud también es y debe ser una preocupación común. Por encima de cualquier discusión ideológica, no se puede perder de vista que el gasto de bolsillo de los hogares creció y que el número de Peticiones Quejas, Reclamos y Sugerencias (PQRS) en el sistema de salud sigue aumentando. En este caso, como en muchos otros, la ideología no nos puede seguir jugando una mala pasada: la salud de los colombianos y sobre todo la de los vallecaucanos, debe ser una prioridad compartida.

Por otro lado, pero igual de importante está la seguridad, que es sin duda un habilitador del desarrollo y es el tema que menos debiera tener ideología. La falta de seguridad nos afecta a todos por igual y sin distinción socioeconómica a empresarios, líderes sociales, a los jóvenes, estudiantes, etc. No podemos perder de vista que la seguridad y las amenazas contra los derechos humanos se ha deteriorado aceleradamente en los últimos años, y que el apoyo y decisión del Gobierno Nacional en este frente es fundamental para enfrentar estos desafíos.

A todo lo anterior se suma obviamente los grandes proyectos de competitividad e infraestructura que el Valle del Cauca necesita sacar adelante: la concesión del Aeropuerto Alfonso Bonilla Aragón, la profundización del dragado de Buenaventura, nuestro tren de cercanías, la regasificadora de Buenaventura, la vía Mulaló - Loboguerrero, el acueducto de Buenaventura, el ferrocarril del Pacífico y la PTAR Cañaveralejo.

Todos estos temas exigen que nuestros congresistas se unan para estos propósitos de región, llevando a cabo acciones coordinadas y efectivas para hacerlos realidad. El reto no es menor y por eso hoy más que nunca el Valle del Cauca le hace un llamado al nuevo Bloque de Congresistas, a que entienda que representar a la región implica trabajar juntos por sus prioridades y que, si bien las diferencias políticas son legítimas, no pueden estar por encima de los ciudadanos y del desarrollo del departamento. Desde ProPacífico siempre estaremos listos para ser apoyo técnico y un hilo naranja que conecta para que logremos juntos estas grandes transformaciones, reconociendo que todos tenemos algo que aportar: el sector público en sus diferentes instituciones, el sector privado y la sociedad civil. Al Valle del Cauca y a Colombia no la sacamos adelante estigmatizando al diferente sino trabajando con él.

Tomado de elpais.com.co

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