Del MÍO he hablado mucho en esta columna, siempre tratando de explicar su importancia y la necesidad de que todos, como caleños, nos unamos en el propósito de sacarlo adelante. Sobre los problemas en su estructuración inicial y puesta en marcha también se ha hablado bastante. Uno de los principales ‘errores’ fue considerar que el MÍO podría tener un 100 % de cobertura de la ciudad de manera exclusiva, lo que al final fue imposible debido a las zonas de difícil acceso como la ladera, periferia y algunos puntos de la ciudad en los que otras tipologías de buses son más eficientes.
Además, el sistema arrancó donde no se necesitaba realmente, como en el corredor de la Quinta. Esto demuestra que una de las mejores estrategias para fortalecer el MÍO y el servicio al ciudadano es avanzar en el objetivo común de buscar que nuestro sistema de transporte masivo se integre a los otros modos y modalidades de transporte como el colectivo y, eventualmente, al tren de cercanías, así como asegurar su sostenibilidad.
Según la Encuesta de Transporte Urbano de Pasajeros (ETUP), realizada por el Dane, el sistema hoy mueve alrededor de 298 mil pasajeros por día hábil, muchos menos de los que debería. Algunas causas de esto están relacionadas precisamente con que aún no se integra totalmente con el Transporte Público Colectivo (TPC) y que la piratería es una problemática que las autoridades aún no combaten con suficientes operativos ni con una mejor oferta de transporte pertinente al ciudadano. Además, el uso de la moto, como medio de transporte, se ha vuelto una competencia real para el MÍO.
Nadie desconoce que el MÍO tiene desafíos importantes en la prestación del servicio que los caleños necesitan en términos de tiempos y experiencia, pero sin duda ha venido mejorando, como lo demuestran las últimas mediciones de nivel de satisfacción al usuario, que pasó de 59,6 % en 2023 a 64,1 % en 2025.
No podemos seguir quejándonos sin ponernos de acuerdo en lo que el sistema necesita para que funcione mejor, que sin duda NO es acabarlo como algunos quisieran. Por esto, es necesario que soluciones estructurantes se pongan en práctica lo antes posible.
Primero, se debe avanzar rápidamente en la integración del sistema para complementar la oferta del MÍO con la oferta del TPC, logrando asignar los corredores donde cada alternativa de transporte es más eficiente, aumentando frecuencias e incrementando pasajeros. Este será un ejercicio vital para mejorar el servicio al usuario, logrando mejorar los tiempos de viaje, la alimentación y reducir el tiempo de espera en estaciones. Esto permitirá resolver, al menos en parte, uno de los problemas de la última milla, que son de los dolores más grandes del sistema y sobre todo del usuario.
La deuda pendiente será la integración con los vehículos de transporte en zonas de ladera o algunas zonas periféricas, más conocidos como ‘gualas’. Aquí necesitamos pensar en el bien común y que los transportadores se sumen a este objetivo, entendiendo que para ellos, según el planteamiento, esta estrategia funciona financieramente en la mayoría de los casos.
Otra solución, sin duda, es la compra de la flota eléctrica, no solo porque aportará a la disminución del subsidio a la demanda a través del Fesde, sino porque la flota actual requiere renovarse para prestar un servicio de mayor comodidad y confiabilidad a los ciudadanos.
Finalmente, seguir construyendo la infraestructura para el MÍO es vital. Se debe terminar la Troncal Oriental para generar una conexión entre el Sur y el Norte más rápida por el Oriente y seguir pensando en necesidades de infraestructura como más MÍO Cables para la ladera y una llegada más eficiente a la zona de universidades.
Las discusiones sobre el MÍO no pueden centrarse en si el dinero que se invierte es o no para ‘unos privados’. Esos privados prestan un servicio público por el cual se les remunera y se les debe descontar en caso de no cumplir con los niveles de servicio. El MÍO es un servicio público que necesitamos que se preste con la calidad que los caleños requieren, y el Estado (Alcaldía, MetroCali y el Concejo) debe tomar las decisiones necesarias para garantizar que esto sea así.
Tomado de elpais.com.co
El Valle del Cauca presentó el documento “Valle del Cauca: Prioridades Regionales 2026–2030”, una agenda que consolida años de trabajo articulado entre el sector público, empresarial y gremial para definir las principales apuestas de desarrollo del departamento.
48 organizaciones del territorio trabajaron en la construcción de esta agenda, que prioriza 12 proyectos estratégicos en infraestructura, salud, educación y seguridad, orientados a cerrar brechas y fortalecer la competitividad de la región.
Más que una lista de iniciativas, esta agenda recoge proyectos clave para el futuro del departamento, entre ellos el tren de cercanías, el dragado de Buenaventura, la vía Mulaló – Loboguerrero y el acceso a agua potable.
Además, el documento prioriza iniciativas que buscan mejorar la calidad de vida, fortalecer la competitividad y avanzar en el cierre de brechas en el departamento.
Consulte la infografía y el documento completo a continuación:
En esta época electoral, a nuestra región vienen muchos candidatos a la Presidencia. También arrancan las campañas de muchos representantes a la Cámara y senadores que quieren reelegirse o los que por primera vez aspiran a ser parte del Legislativo. Esta coyuntura nos obliga a revisar cómo le ha ido a la región en los últimos cuatro años, ya que debemos incidir en que los que quieren llegar al Ejecutivo o al Legislativo con votos en nuestra región se comprometan con las grandes apuestas de nuestro territorio.
En términos de la asignación presupuestal de la Nación, en los últimos ocho años reportados (corte 2024), al Valle del Cauca se le han apropiado cerca de $ 31 billones$ , cifra considerablemente inferior a la de Antioquia (47 billones) y Bogotá, con $ 57 billones.
Si bien el número de habitantes tiene cierta influencia en los montos asignados, en sectores como transporte, que no dependen de estos parámetros poblacionales, al Valle se le asignaron para el mismo periodo $ 4,1 billones, mientras que Antioquia recibió una asignación de $ 13,7 billones. Precisamente, las gestiones que se han realizado desde la región para proyectos como el de la doble calzada Buga – Buenaventura han contribuido al aumento del presupuesto regionalizado para el Valle del Cauca. Las vigencias futuras comenzaron a girarse el año pasado por un valor de $ 395.900 millones, lo que contribuye a reducir la brecha frente a Antioquia y Bogotá. Lo claro es que, revisando los presupuestos nacionales, al Valle del Cauca se le ha aumentado el presupuesto, a precios constantes, el 31 % en los últimos cinco años.
Este ejemplo nos demuestra que hemos avanzado en términos de incidencia regional, pero nos deja claro que aún tenemos un camino largo por recorrer en otros frentes de infraestructura de transporte y movilidad urbana. También, que debemos exigir mayor apoyo nacional en asuntos como la PTAR Cañaveralejo y el sistema de acueducto de Buenaventura, además de proyectos estratégicos de energía y de infraestructura educativa, solo para mencionar algunos.
Para entrar en detalle y haciendo un balance de los grandes proyectos de infraestructura, debo decir que tenemos logros, pero también frustraciones. Para empezar con lo bueno, el Valle del Cauca tiene dos proyectos 5G en construcción: la Nueva malla vial del Valle, con ejecución del 47 %, y el corredor Buga-Buenaventura, que ya mencionaba, con un avance del 18 %. Estos proyectos tienen retos como todos los de infraestructura, pero se han estado ejecutando y ya empezamos a ver las obras. Desde el punto de vista regional, tenemos la Santander de Quilichao-Popayán, que está en un 46 % de avance, pero que ha sido seriamente afectada por los temas de seguridad.
En cuanto a las frustraciones, sin duda la lista la encabeza el Tren de Cercanías, proyecto al que el actual Gobierno Nacional le negó los recursos de cofinanciación, por lo que la primera tarea de la bancada de congresistas del Valle y del Presidente electo es asegurar el aval técnico y los recursos por el 70 % del valor total del proyecto. Así mismo, es clave la cofinanciación de flota eléctrica para el MIO, tal cual como lo hicieron con Bogotá para el Transmilenio antes de finalizar la Ley de Garantías.
En cuanto a la vía Mulaló - Loboguerrero, es inconcebible que en cuatro años no se haya logrado acordar las condiciones para el inicio de su construcción. También que no se haya logrado finalizar la estructuración integral del dragado de Buenaventura ni asegurar los recursos para iniciar las obras de profundización del canal, vital para el comercio de Colombia con el mundo.
También está la nueva concesión para la modernización del aeropuerto Alfonso Bonilla Aragón que no se adjudicó y que hoy nos tiene con la Aerocivil como operadora del aeropuerto, haciéndonos perder competitividad y recursos importantes para Palmira.
Este es solo el resumen de los temas de infraestructura, pero los asuntos relevantes pasan también por temas sociales tan importantes como la educación de calidad que requiere nuestra región y la mejora de la salud que tan afectada se ha visto en los últimos años. Así mismo, está todo lo relacionado con la seguridad que se viene deteriorando exponencialmente en todo el suroccidente. El llamado es claro: pidamos con una sola voz que nuestras prioridades sean tenidas en cuenta y convertidas en realidad. No hablemos de deudas, pero sí exijamos lo que necesitamos.
Tomado de elpais.com