Hace un año en este mismo espacio hablaba de la primera versión de la Maratón de Cali y de mi relación con el running, actividad con la que me enganché tras pasar por diferentes disciplinas. Fue tan grata la experiencia corriendo 15 kilómetros el año pasado que me aventuré a comprometerme públicamente con correr los 42 kilómetros de la maratón de este año. La verdad es que, aunque participar en una maratón siempre había estado dentro de mis metas deportivas, nunca la había priorizado realmente y aunque ya había hecho varias medias maratones, correr esos 15 kilómetros el año pasado en mi Cali fue tan especial que tomé la decisión.

Confieso que durante mi entreno muchas veces quise tirar la toalla. En las madrugadas y en las horas interminables de entreno me preguntaba si realmente era necesario tanto esfuerzo, ya que con maratón o sin maratón seguía teniendo un trabajo de tiempo completo (bien completo) dos niñas, un esposo y una familia a los que les debo dedicar tiempo de calidad.

Mi compromiso público, conmigo y sobre todo la enseñanza de perseverancia que les estaba dando a mis hijas me motivaron. Ellas y mi esposo siempre estuvieron ahí para animarme y entusiasmarme en los días de entreno que no fueron todos los recomendados para una prueba de este tipo, pero fueron los que pude tener.

Y así llegó el día, me levanté asustada, pero feliz. Mi meta era terminar la maratón y por eso no me presioné con los tiempos. Desde que llegué al punto de partida de la carrera la organización me pareció muy buena, los baños limpios, la entrada a los corrales muy ordenada y el arranque puntual. Me emocioné al escuchar el himno de Colombia, pero cuando pusieron Cali Pachanguero ya el corazón se me terminó de hinchar de alegría y orgullo.

Una vez arrancó la prueba, mantuve mi ritmo todo el tiempo e intenté mantener la mente tranquila y estar concentrada. Sin duda, una fuente de energía durante toda la carrera fueron todas las personas que sin conocernos nos hicieron barra desde muy temprano en la mañana. En cada grito y cada mensaje sentí la Cali cariñosa, acogedora y la que se puede unir en propósitos comunes. Sin embargo, los gritos que más me emocionaron sin duda fueron los de mi esposo, mis hijas y mis papás. Verlos ahí tan orgullosos, me inyectaron la fuerza que necesitaba. También vi algunas caras conocidas que me dieron mucha energía en momentos claves. Toda la carrera fue un éxito en lo logístico, la llegada a la meta fue realmente muy ordenada, todos cumplíamos un sueño o un objetivo y el mío fue convertirme en maratonista en mi Cali.

La Maratón de Cali es y debe ser un motivo de orgullo, es un evento internacional que logró mantenerse y consolidarse en un momento muy complejo de seguridad regional. Por eso no entendí muy bien las reacciones de algunos con el incidente del corredor de élite africano. Con hueco o sin hueco, no se le puede quitar al evento la magnitud de lo que fue: un gran logro de ciudad. El foco colectivo debe estar ahí, en la capacidad que tenemos de unirnos alrededor de propósitos comunes, de organizar grandes cosas. Este evento permitió mostrarle al país y al mundo la mejor versión de Cali: esa ciudad alegre, acogedora y orgullosa que sentí en cada kilómetro recorrido. No está bien que se quieran ganar adeptos o elecciones en detrimento de toda una ciudad y como ciudadanos debemos rechazar este tipo de comportamientos, porque no todo vale. Los propósitos comunes nos deben unir por encima de las diferencias.

Tomado de elpais.com.co

El Valle del Cauca presentó el documento “Valle del Cauca: Prioridades Regionales 2026–2030”, una agenda que consolida años de trabajo articulado entre el sector público, empresarial y gremial para definir las principales apuestas de desarrollo del departamento.

48 organizaciones del territorio trabajaron en la construcción de esta agenda, que prioriza 12 proyectos estratégicos en infraestructura, salud, educación y seguridad, orientados a cerrar brechas y fortalecer la competitividad de la región.

Más que una lista de iniciativas, esta agenda recoge proyectos clave para el futuro del departamento, entre ellos el tren de cercanías, el dragado de Buenaventura, la vía Mulaló – Loboguerrero y el acceso a agua potable.

Además, el documento prioriza iniciativas que buscan mejorar la calidad de vida, fortalecer la competitividad y avanzar en el cierre de brechas en el departamento.

Consulte la infografía y el documento completo a continuación:

20260415_INFOGRAFÍA_PRIORIDADES_REGIONALES_2026-2030Descarga

Este 2026 arrancó con una noticia muy grave para Colombia, pero en especial para el Valle del Cauca, con el anuncio del presidente de Ecuador, Daniel Noboa, de imponer una tasa del 30 % a las importaciones y exportaciones entre su país y el nuestro. El motivo: la difícil situación de seguridad en la frontera y, según él, la poca proactividad del gobierno colombiano para solucionar ese problema.

La relación comercial entre ambos países no es menor. Colombia tiene con Ecuador un superávit en el balance comercial cercano a US$1016 millones, uno de los más relevantes dentro de la Comunidad Andina. Para el Valle del Cauca, además, Ecuador es el segundo socio comercial en términos de exportaciones, después de Estados Unidos. Por cercanía geográfica y estructura industrial, este mercado resulta estratégico en sectores como manufactura, alimentos, químicos, empaques y preparaciones capilares y para higiene bucal.

Ecuador es el mercado natural de la industria vallecaucana y de todo el suroccidente colombiano, pero también es un proveedor importante para su industria, si tenemos en cuenta que el Valle concentra 17,8 % del total de importaciones desde Ecuador hacia Colombia; es decir, casi 1 de cada 5 dólares que llegan desde ese país terminan en la región y gran parte de estas importaciones son insumos para nuestras cadenas productivas.

Las primeras señales de impacto por esta medida ya son visibles: entre enero y febrero de 2026, las exportaciones colombianas a Ecuador cayeron 27 %, afectando cerca de 2700 empresas exportadoras del país. Esta afectación no es solo para las grandes empresas; en muchos casos se trata de empresas que están iniciando su trayectoria exportadora y que encuentran en Ecuador un primer paso por su cercanía, costos logísticos y afinidad comercial. Como si el panorama no fuera ya difícil, todo lo anterior se agravó aún más con el anuncio del gobierno ecuatoriano hace un par de semanas del aumento al 100 % de los aranceles entre los dos países. Como vallecaucanos debemos ser muy conscientes de la gravedad de los efectos de esta situación.

Por esto debemos pedirle al Gobierno Nacional una respuesta estratégica, que active todos los mecanismos diplomáticos y de cooperación existentes, no solo para mitigar los efectos inmediatos, sino para atender las causas estructurales de esta compleja situación. Algunos piensan que el Gobierno Nacional no puede hacer nada para solucionar esta situación; sin embargo, como colombianos debemos exigirle una posición más proactiva en la búsqueda de la solución, entendiendo que la decisión la tomó el presidente de Ecuador.

La experiencia internacional muestra que la negociación y coordinación pueden solucionar estos problemas. Un ejemplo reciente fue el aumento de aranceles que impuso el presidente Donald Trump en Estados Unidos y que llevó a muchos países, incluido Colombia, a volcarse a buscar -a partir del anuncio- negociaciones para tener tarifas más beneficiosas para sus países. Según lo han registrado los medios, lo que está pidiendo el presidente de Ecuador es más coordinación y acción binacional en la frontera frente a las acciones de violencia y lucha contra el narcotráfico. Esta solicitud no debería ser tan difícil de atender, sobre todo entre dos países históricamente hermanos. En conclusión, esta situación con Ecuador no puede ser un problema de unos pocos, sino un llamado de toda una región.

Tomado de elpais.com.co

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