Hace algunos días en un debate electoral uno de los candidatos participantes decía que era importante cambiar el imaginario ciudadano según el cual hablar de seguridad es igual a ser de derecha. No puedo estar más de acuerdo con esta afirmación. La seguridad no tiene ideología, la seguridad es un derecho que tenemos todos los ciudadanos y la condición mínima para garantizar nuestra vida.
Poder caminar tranquilamente por las calles de las ciudades sin ser robado, poder tener un negocio sin necesidad de ser extorsionado, ser campesino y poder quedarse en su tierra, disfrutar del espacio público sin temor a ser agredido o no ser alcanzado por un explosivo, son anhelos que nos parecen hoy lejanos. Si bien convivir con el temor se nos volvió nuestro día a día, esta no puede ser nuestra realidad.
Este problema lo tenemos en Cali, pero trasciende al departamento y la región. Bien conocidos son los casos recientes de bombas en algunos municipios, el aumento de los cultivos ilícitos en Jamundí, y las acciones armadas contra empresas de la región.
Desde otro ángulo, la extorsión es un problema crítico que merece atención especial en nuestro departamento, por su efecto devastador en los negocios de los ciudadanos. No solo hablamos de la extorsión ‘tradicional’ en la que grupos criminales a menudo exigen pagos a empresas y personas, creando un ambiente de terror constante en los territorios. Además, existe la extorsión disfrazada de servicios de seguridad que hace que muchos comerciantes o incluso ciudadanos tengan que pagar cuotas pequeñas a grupos que controlan barrios enteros, situación que se agrava cuando, además, estas redes ilegales de control tienen la capacidad de subir o bajar los precios de productos y servicios.
La ausencia de seguridad mina la confianza en las instituciones, la relación entre ciudadanos, y sobre todo, impide el disfrute de derechos de los ciudadanos, además de acabar con vidas de inocentes.
El problema es enorme y hay mucho que se debe hacer, es esencial implementar estrategias integrales de seguridad que involucren a las autoridades locales, la comunidad y organizaciones civiles. Tenemos clara la necesidad de fortalecer la fuerza pública y tener una actividad más articulada a nivel regional que entienda la complejidad y sofisticación de las economías criminales. También entendemos que hay procesos de diálogo que se deben hacer con la rigurosidad que merecen y sin dejar de lado la provisión del servicio básico de seguridad.
Sin embargo, ese panorama de grandes tareas deja una adicional que tiene que ver con la prevención desde la lectura social y particularmente el trabajo con nuestros jóvenes. Hay que recordar que son ellos y ellas quienes ocupan un lugar desafortunado como las víctimas y los victimarios más comunes de la violencia, pero también, son muchos de estos mismos los que durante muchos años han puesto su creatividad y energía para aportar a la solución de los problemas y a contribuir desde su trabajo comunitario a combatir la violencia.
La seguridad tiene que estar en las agendas no como ideología, ni mucho menos como política. Necesitamos a nuestros líderes unidos reclamándole al Gobierno Nacional acciones concretas, necesitamos los gobiernos locales invirtiendo recursos y sobre todo no podemos echarnos más cuentos; sin seguridad no hay desarrollo sostenible.
Tomado de elpaís.com.co
Hace 6 años el Congreso de la República le dio un ‘regalo’ a Cali al convertirlo en Distrito Especial Deportivo, Cultural, Turístico, Empresarial y de Servicios. Hoy no sabemos aún si esto fue realmente un regalo o una carga.
Algunos consideran que para Cali y sus municipios vecinos es más razonable hablar de área metropolitana que de distrito especial. Aunque muchos de los promotores de la época lo que pensaban era que este nuevo ‘título’ nos daría más recursos, la verdad es que lo que ha generado es una carga administrativa y fiscal creciente y costos adicionales para la ciudad.
Ser Cali Distrito Especial no es malo en sí mismo y puede tener varios beneficios para la ciudad sí y solo sí se implementa bien. Tener una administración local más desconcentrada, más cercana al ciudadano, es sin duda positivo. Para muchos caleños la administración es absolutamente distante. Poniéndolo en perspectiva, el CAM como la representación física de la Alcaldía es un lugar lejano o desconocido para buena parte de los caleños.
Pensarnos el territorio desde las localidades, tener recursos exclusivos para atender las necesidades locales mediante mecanismos de priorización participativa de la inversión y tener funciones desconcentradas, que hoy son de la Alcaldía, son aspectos que pueden ser muy provechosos para nuestra ciudad. Pero como dicen, el diablo está en los detalles y en la manera cómo se implemente.
Por ejemplo: un solo aspecto, como definir cuáles y cuántas localidades tendremos, es un asunto de profundas implicaciones. Tenemos a la fecha dos ejercicios; el que dejó la administración Armitage y el que hizo la actual administración partiendo de la base anterior, pero con un proceso adicional de socialización. El ejercicio de definir las localidades se trata de dividir la ciudad para que cada ciudadano quede contento o en su ‘status quo’. Esta es una oportunidad de unir a esta ciudad que ha estado segregada como resultado de la migración y el crecimiento urbano desordenado. Qué bueno sería tener localidades que tengan varios estratos 4, 5 y 6 integradas con estrato 1, 2 y 3. Localidades pensadas desde las potencialidades, tanto económicas, como sociales.
En otro frente y según el proyecto actual: tener solo una localidad rural no termina de entenderse. Hay tanta diferencia entre cada una de las zonas rurales de la ciudad que no es claro cómo un solo alcalde local podrá atenerlos a todos. Sumado a que no es cierto que tendrán más recursos, ya que la baja población siempre los pondrá en desigualdad de condiciones frente a las otras localidades.
Definir las localidades tiene implicaciones directas con el costo de la implementación del Cali Distrito, no porque implique una alcaldía más o menos, sino porque dependiendo del tamaño y dimensiones de cada localidad, las capacidades fiscales y las funciones desconcentradas deberán variar y eso podrá generar costos adicionales. Lo anterior, sin contar con que este ejercicio, tiene que contemplar una reforma administrativa estructural del Municipio.
En conclusión, es un hecho que los dos últimos alcaldes han trabajado fuertemente en hacer a Cali un Distrito Especial deportivo, cultural, turístico, empresarial y de servicios, sin embargo, hay todavía mucha tela que cortar para darle a esta condición toda la potencialidad. Los caleños debemos conocer más las implicaciones de ser distrito, por eso la invitación a esta administración y a los concejales es de tomarse un tiempo y esperar al siguiente alcalde o alcaldesa y avanzar en este proceso. Para así estar seguros de no equivocarnos, justamente porque como está planteado serán este alcalde y el siguiente los encargados de ponerlo en marcha.
*Tomado de elpais.com.co
A mí no me tocó la Cali de los setenta, la de los Panamericanos, la que cuentan los abuelos y papás, la denominada Cali Cívica. La de hoy no es la misma de la de esa época, no somos los mismos, no nos vemos igual. Hoy Cali es diversa, es negra, es indígena, sabe a viche, a chicha, a encocado de pescado y nos movemos a ritmo de salsa, de marimba, currulao y tambores.
Desafortunadamente, aún no nos reconocemos en esa diversidad única. Muchos se reconocen más por el lugar donde viven: soy del Distrito, del oeste, del sur o de Siloé, que como parte de un todo. Adicionalmente, no sé si como consecuencia de no sentirse parte y no reconocerse en el otro hoy hemos llegado a niveles muy bajos de civismo y cultura ciudadana. Los semáforos son optativos, los espacios públicos están sucios y completamente pintados con grafitis, en las vías el pito indiscriminado es la norma y ser peatón es una actividad de alto riesgo porque, por ejemplo, los andenes se volvieron los carriles ‘exclusivos de las motos’.
En el ejercicio Cali para Mí, 17 mil caleños y caleñas ubicaron el tener una Cali cívica, diversa y unida entre los diez principales proyectos que se deben hacer en la ciudad. Queda claro que los caleños no quieren seguir viviendo así, quieren respeto por las normas mínimas de convivencia, pero es importante que entendamos que parte de querer a Cali y cuidarla, es reconocerla y reconocernos con toda nuestra diversidad.
Pero, ¿cómo arrancamos? Algunos dirán que tenemos que esperar a que un mandatario o mandataria llegue a enseñarnos cómo hacerlo. Sin duda, tener a alguien que imparta la autoridad, por ejemplo, en los temas de movilidad y se preocupe por el cuidado del espacio público es vital. Sin embargo, ningún mandatario podrá hacer lo que está en las manos de cada caleño y caleña. Si queremos que esto cambie, empecemos por comportarnos diferente.
De acuerdo con la encuesta de percepción ciudadana de Cali Cómo Vamos 2023, el 92 % de los encuestados coincide en que la cultura ciudadana en la capital vallecaucana se ha deteriorado. Al hablar de las principales razones mencionan el poco sentido de pertenencia por la ciudad (69 %); la falta de autoridad (61 %) y la falta de educación en normas de convivencia en los colegios y en los hogares (58%).
Sin duda, estos resultados nos demuestran que como ciudadanos debemos empezar por hacer cambios individuales. Por ejemplo, en el MÍO que se nos haga costumbre esperar a que las personas salgan del bus para entrar, respetar las filas, ceder el puesto, sancionar socialmente a quienes se cuelan. En nuestro propósito de que la ciudad esté limpia, no arrojar basura a la calle. Si vemos el desorden que se genera cuando algunos carros se pasan en rojo los semáforos, no lo hagamos nosotros. Si tienes moto, no te subas a los andenes, no te metas en contravía y respeta las ciclorrutas. La primera decisión siempre está en cada uno de los ciudadanos, pero sobre todo habla bien de esta ciudad que es de todos.
Claramente, hay muchos retos, muchas cosas que no están bien, pero solo superaremos esos retos si cada uno de los caleños empezamos a hablar y a actuar diferente y si nos apropiamos de esta diversidad única. La Cali de hoy tiene todo para ser mucho mejor que la de los setenta, hoy nos vemos, sabemos y nos movemos mejor. Por eso arranquemos poniendo nuestro granito de arena, siendo parte activa de esta nueva era de nuestra Cali, una Cali diversa, unida y cívica. Una Cali de la que se hable por décadas y de la que volvamos a sentirnos orgullos.
*Tomado de elpais.com.co