En los últimos años el suroccidente del país ha visto cómo empeora su situación de seguridad de manera grave, y con esto no quiero decir que antes era perfecta, pero sin duda en la región se recrudeció la acción de grupos armados, crecieron muchas economías criminales como el narcotráfico y la minería ilegal, y todo eso ha tenido distintas consecuencias, entre ellas violaciones a los derechos humanos aterradoras. Como prueba triste de toda esta dinámica encontramos que entre 2020 y 2024 los cultivos de coca aumentaron en más de 118 mil hectáreas, según el informe más reciente de las Naciones Unidas.

Por esto la decisión política del presidente Abelardo de la Espriella de posesionarse inicialmente en el Cauca y ahora en el Valle del Cauca, específicamente en Cali, es una acción muy importante. No solo por el mensaje de ser contundente frente a la criminalidad, sino por el de la cercanía con las regiones, sobre todo con esta región que está lista a trabajar para que nuestro futuro sea diferente, teniendo en cuenta todas nuestras potencialidades.

En cuanto a las apuestas del país en comercio exterior, contamos con Buenaventura, el Puerto de Colombia al Pacífico que esperamos que, con el apoyo del Gobierno Nacional, por fin logre con el dragado de profundización del canal las condiciones óptimas para tener mayor competitividad en el mercado internacional. Pero sobre todo necesitamos avanzar para que su gente pueda tener agua 24 horas al día y que la educación se brinde con calidad y pertinencia.

Cali y el Valle del Cauca merecen y requieren un impulso en su infraestructura para mejorar su competitividad, pero especialmente para mejorar la calidad de vida de todas las personas. Nuestro Tren de Cercanías, un proyecto clave para la movilidad urbana regional, está estructurado y listo para avanzar. Con la cofinanciación del Gobierno Nacional se podrá hacer realidad este sueño de los vallecaucanos.

De igual forma, la concesión del Aeropuerto Alfonso Bonilla Aragón está esperando las aprobaciones gubernamentales para dar apertura a la selección del concesionario que modernizará esta importante infraestructura para fortalecer el turismo y los negocios en el suroccidente. En ambos casos lo más importante es que necesitamos la decisión política, que evidentemente no se tuvo en los últimos cuatro años. Todos estos son proyectos de alto valor estratégico regional y nacional que pueden tener victorias tempranas en los primeros meses del nuevo gobierno.

En esa misma línea está la PTAR Cañeveralejo, un proyecto que tiene un impacto regional y nacional en la recuperación del río Cauca. Para ello es fundamental la cofinanciación del tratamiento secundario de la PTAR, que ya cuenta con estudios y diseños a detalle.

También urgen acciones rápidas en materia del sistema de salud, dado que el suroccidente consolida una gran cantidad de usuarios que están afiliados a EPS intervenidas y las consecuencias que desencadenan esta situación son cada día más insostenibles no solo para los pacientes sino para la red hospitalaria pública y privada que ya no aguanta.

Finalmente, trabajar por la educación de nuestras niñas y niñas que son el futuro de nuestra región y del país, debería ser una obsesión a compartir con el gobierno entrante para que demos un impulso definitivo a nuestra región y tengamos en la educación la herramienta principal para cambiar la vida de millones de personas, especialmente de aquellas que no han contado con muchas oportunidades.

El Valle del Cauca tiene un conjunto de potencialidades que pueden contribuir de manera significativa en las apuestas nacionales; un tejido empresarial diverso y de alto valor, un capital humano de alto nivel, y un liderazgo social listo para seguir construyendo la historia. Este gobierno que comenzará el 8 de agosto encontrará un ecosistema privado y social que trabaja de la mano, con prioridades más claras y conjuntas. El Valle del Cauca es la demostración de que la escucha y la unión en la diversidad es posible, es un territorio que tiene todo para avanzar y seguir construyendo la Colombia que todos queremos.

Tomado de elpais.com.co

Del MÍO he hablado mucho en esta columna, siempre tratando de explicar su importancia y la necesidad de que todos, como caleños, nos unamos en el propósito de sacarlo adelante. Sobre los problemas en su estructuración inicial y puesta en marcha también se ha hablado bastante. Uno de los principales ‘errores’ fue considerar que el MÍO podría tener un 100 % de cobertura de la ciudad de manera exclusiva, lo que al final fue imposible debido a las zonas de difícil acceso como la ladera, periferia y algunos puntos de la ciudad en los que otras tipologías de buses son más eficientes.

Además, el sistema arrancó donde no se necesitaba realmente, como en el corredor de la Quinta. Esto demuestra que una de las mejores estrategias para fortalecer el MÍO y el servicio al ciudadano es avanzar en el objetivo común de buscar que nuestro sistema de transporte masivo se integre a los otros modos y modalidades de transporte como el colectivo y, eventualmente, al tren de cercanías, así como asegurar su sostenibilidad.

Según la Encuesta de Transporte Urbano de Pasajeros (ETUP), realizada por el Dane, el sistema hoy mueve alrededor de 298 mil pasajeros por día hábil, muchos menos de los que debería. Algunas causas de esto están relacionadas precisamente con que aún no se integra totalmente con el Transporte Público Colectivo (TPC) y que la piratería es una problemática que las autoridades aún no combaten con suficientes operativos ni con una mejor oferta de transporte pertinente al ciudadano. Además, el uso de la moto, como medio de transporte, se ha vuelto una competencia real para el MÍO.

Nadie desconoce que el MÍO tiene desafíos importantes en la prestación del servicio que los caleños necesitan en términos de tiempos y experiencia, pero sin duda ha venido mejorando, como lo demuestran las últimas mediciones de nivel de satisfacción al usuario, que pasó de 59,6 % en 2023 a 64,1 % en 2025.

No podemos seguir quejándonos sin ponernos de acuerdo en lo que el sistema necesita para que funcione mejor, que sin duda NO es acabarlo como algunos quisieran. Por esto, es necesario que soluciones estructurantes se pongan en práctica lo antes posible.

Primero, se debe avanzar rápidamente en la integración del sistema para complementar la oferta del MÍO con la oferta del TPC, logrando asignar los corredores donde cada alternativa de transporte es más eficiente, aumentando frecuencias e incrementando pasajeros. Este será un ejercicio vital para mejorar el servicio al usuario, logrando mejorar los tiempos de viaje, la alimentación y reducir el tiempo de espera en estaciones. Esto permitirá resolver, al menos en parte, uno de los problemas de la última milla, que son de los dolores más grandes del sistema y sobre todo del usuario.

La deuda pendiente será la integración con los vehículos de transporte en zonas de ladera o algunas zonas periféricas, más conocidos como ‘gualas’. Aquí necesitamos pensar en el bien común y que los transportadores se sumen a este objetivo, entendiendo que para ellos, según el planteamiento, esta estrategia funciona financieramente en la mayoría de los casos.

Otra solución, sin duda, es la compra de la flota eléctrica, no solo porque aportará a la disminución del subsidio a la demanda a través del Fesde, sino porque la flota actual requiere renovarse para prestar un servicio de mayor comodidad y confiabilidad a los ciudadanos.

Finalmente, seguir construyendo la infraestructura para el MÍO es vital. Se debe terminar la Troncal Oriental para generar una conexión entre el Sur y el Norte más rápida por el Oriente y seguir pensando en necesidades de infraestructura como más MÍO Cables para la ladera y una llegada más eficiente a la zona de universidades.

Las discusiones sobre el MÍO no pueden centrarse en si el dinero que se invierte es o no para ‘unos privados’. Esos privados prestan un servicio público por el cual se les remunera y se les debe descontar en caso de no cumplir con los niveles de servicio. El MÍO es un servicio público que necesitamos que se preste con la calidad que los caleños requieren, y el Estado (Alcaldía, MetroCali y el Concejo) debe tomar las decisiones necesarias para garantizar que esto sea así.

Tomado de elpais.com.co

El nuevo gobierno deberá dar señales, como lo ha dicho el presidente electo, de un gobierno para todos, que dé soluciones a los que votaron por él, pero también a los que no.

Tras las elecciones presidenciales, han sido muchas las reflexiones relacionadas con los retos y las oportunidades que tendrá el nuevo gobierno de Colombia, liderado por el presidente electo Abelardo de la Espriella y su vicepresidente José Manuel Restrepo. En lo relacionado con los retos, tras tener en cuenta lo obvio, es decir, en materia fiscal, salud, seguridad y energético, la mayoría coincide en que uno de los retos más grandes para el nuevo gobierno es gobernar para todos los colombianos.

No es un secreto para nadie que muchas personas (casi el 50 % de los colombianos), no se sienten representadas por las propuestas del presidente electo e incluso puedo decir que muchos tienen miedo, sienten que serán perseguidos e invisibilizados durante por los próximos 4 años. Muchos reconocen que durante el gobierno Petro no se avanzó tanto, sin embargo, sienten que aun sin cambios profundos el gobierno saliente al menos los vio y se sintieron (por fin) representados por un Gobierno Nacional.

Lo anterior no es menor si tenemos en cuenta que muchos criticamos al presidente Petro y su gobierno por dividir y no gobernar para todos. Por esto, el presidente De la Espriella no puede equivocarse en este aspecto, lo que implica ir mucho más allá de lo discursivo. Rápidamente, el nuevo gobierno deberá dar señales, como lo ha dicho el presidente electo, de un gobierno para todos, que dé soluciones a los que votaron por él, pero también a los que no.

Y lo anterior debe empezar evidentemente por generar medidas de choque en temas tan complejos como el de la salud; por eso una de esas acciones rápidas que deben ser implementadas es la de inyectar recursos al sistema. Los pacientes necesitan sus medicamentos y deben ser atendidos en condiciones dignas y en los tiempos mínimos.

En seguridad se deben mandar mensajes claros de recuperación del control territorial, pero también de atención integral, no solo en materia de prevención de la violencia, sino de alternativas lícitas para la población en zonas rurales, manteniendo un juicioso respeto por los derechos humanos y el DIH. También la seguridad urbana requiere mucha atención, y no se puede dejar a un lado el respeto a la protesta pacífica, que puede ser uno de los puntos de tensión con el gobierno entrante. Siempre entendiendo todos que la protesta no puede convertirse en afectaciones a bienes públicos y privados.

Además de la seguridad, que es una preocupación creciente, sacar a las personas de la pobreza y los temas sociales deben ser una prioridad y para esto existen dos caminos que debemos recorrer. El primero, que debería ser un acuerdo nacional, es mejorar la educación desde la primera infancia para nuestros niños y niñas. Ojalá este Gobierno haga lo que le corresponde en esta materia. Sin embargo, debemos ser conscientes de que hoy tenemos toda una generación sin buenas bases educativas y emocionales a la que hay que apoyar para salir de entornos de vulnerabilidad y generarle oportunidades reales y sostenibles. Acá los subsidios juegan un rol importante.

El segundo camino por recorrer precisamente tiene que ver con los subsidios, una herramienta que varios gobiernos han implementado, incluso el saliente. En esta materia, el presidente electo mencionó en campaña que no los quitaría, lo que tranquilizó a muchos. Sin embargo, ojalá los subsidios, sobre todo para los jóvenes y madres cabeza de hogar, migren hacia un sistema de entrega de recursos condicionados que permita desarrollar en quien los recibe la capacidad o el impulso de lograr un sustento autónomo y no una dependencia del subsidio.

Todo lo anterior, sin perder de vista que necesitamos inversión y crecimiento económico y muchos empresarios nuevos. Porque el futuro de Colombia está en que podamos generar y distribuir riqueza para todos

En lo que tiene que ver con el Valle del Cauca las prioridades están claras: el Tren de Cercanías, Buenaventura y el dragado de profundización del canal de acceso al puerto, la Ptar Cañaveralejo, la Mulaló – Loboguerrero, el aeropuerto Alfonso Bonilla Aragón y el agua para Buenaventura. El Valle del Cauca quiere ser parte fundamental de esa patria milagro que se plantea, aprovechando su posición estratégica, pero sobre todo la pujanza del empresariado que siempre ha estado presto para sacar la cara por este departamento. También tenemos unos liderazgos sociales muy potentes que hacen lo que nadie por esta tierra. El Valle del Cauca hoy está listo para que sin divisiones y con un propósito común trabajemos por este territorio que es de todos.

Posdata. Ojalá aprendamos a que en democracia estar en desacuerdo no es un problema y que justamente las reglas del juego y las instituciones están hechas para dar las discusiones sin tener que llegar a hechos de violencia.

Tomado de elpais.com.co

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