Si bien el Tren de Cercanías tiene un enfoque regional, también contribuye a la solución de problemas de congestión, emisiones y accidentalidad dentro de los municipios.

Es común escuchar críticas sobre el estado de nuestra ciudad. Hablan de lo fea que está, de todo lo que nos falta y se mencionan ejemplos de otras ciudades que han logrado transformaciones impresionantes. Sin duda, hay mucho por hacer en materia de seguridad, educación, movilidad y cultura ciudadana, pero esta ciudad-región necesita símbolos, proyectos que nos hagan soñar, que nos unan y nos permitan volver a creer que podemos lograr grandes metas.

El Tren de Cercanías puede ser uno de estos símbolos: además de sus efectos en la movilidad y la calidad de vida de los ciudadanos, el tren es un proyecto que pondrá a Cali y la región del sur del Valle a la par de otras regiones del país y del mundo.

Durante los últimos 6 años se ha llevado a cabo un proceso riguroso y consensuado para hacer realidad este proyecto que pretende proporcionar una oferta de transporte más eficiente para los desplazamientos entre Cali, Palmira, Jamundí y Yumbo. Si bien el proyecto tiene un enfoque regional, también contribuye a la solución de problemas de congestión, emisiones y accidentalidad dentro de los municipios.

Se arrancó con la prefactibilidad financiada por el Gobierno Francés y ejecutada por la firma Systra entre 2018 y –2019, determinando que el proyecto era viable y que debía implementarse de manera progresiva por tramos dentro de la red principal de 73,4 km. Adicionalmente, con el apoyo del Banco Mundial se realizó una evaluación a la prefactibilidad y se generaron recomendaciones para la fase factibilidad. Posteriormente, con la llegada de FDN a la estructuración se contrató a la firma Steer que con una evaluación ratificó el inicio por el tramo Jamundí - Cali de 23,6 km.

Con estos resultados que daban vía libre al proyecto, con el apoyo del Gobierno Nacional, las gestiones del Bloque Parlamentario, las entidades territoriales y el gobierno británico, se contrató la factibilidad del primer tramo. Esta fase tuvo una inversión de $36 mil millones en 2021. Estos estudios de factibilidad ratificaron el trazado principal de la red y recomendaron un tren-tram.

La justificación del arranque por este tramo está respaldada y es evidente, sobre todo, para los que transitan a diario de Cali a Jamundí y viceversa. El censo del Dane entre 1993 y 2018, muestra que la población de Jamundí creció un 232%. Esto no se explica en la natalidad de los jamundeños, sino en la migración de caleños, sobre todo de bajos ingresos que han llegado a habitar las viviendas VIS y VIP que Cali no ha proporcionado. Jamundí es la actual zona de expansión de Cali.

El 12 de octubre, representantes del sector público y privado de la región, radicamos este proyecto ante el Ministerio de Transporte. Esperamos recibir prontamente el aval técnico y luego el aval fiscal y así contar con el aporte mínimo del 70% del costo del proyecto por parte del Gobierno Nacional.

Aunque pocas, tristemente, se han oído voces con reparos respecto al proyecto. Unos porque dicen que debemos hacer un metro, sin entender que precisamente este primer tramo del tren en su paso por Cali es la primera línea del metro. Otros tienen reparos con el trazado, hablan de un ramal hacia el suroriente de Cali y traen a colación los ‘errores’ que se cometieron con el MÍO como justificación. Para estos la respuesta es: el tren no es la solución a todos los problemas de movilidad de Cali, este modo se debe conectar al sistema multimodal que ha planteado la actual administración. Partiendo del avance del primer tramo y con el mismo rigor se deben plantear los demás ramales requeridos. Esto por ningún motivo debe generar una parálisis. ¡Debemos avanzar!

Los invito a subirse a este tren y a construir sobre lo construido. Tenemos una oportunidad histórica, pues nunca tuvimos avances tan importantes como los que hay ahora. No nos dejemos distraer, ¡manos a la obra!

Tomado de elpaís.com.co

Mucho hablamos de grandes proyectos de infraestructura, que claramente son muy importantes y necesarios. Sin embargo, no podemos perder de vista que gran parte del desarrollo y la competitividad regional se logra si, además de las vías primarias, logramos mantener y mejorar nuestras vías rurales o red terciaria.

Es a través de la red terciaria como se logra mejorar el acceso de los ciudadanos a servicios de primera necesidad como la salud y la educación. Cabe recordar que para muchos habitantes de los centros poblados del departamento resulta complejo llegar a las cabeceras municipales. Para muchos niños de las zonas rurales es toda una travesía llegar a sus colegios diariamente, y qué decir de la llegada a los centros de salud. Esto sucede no solo en municipios apartados como el Águila y el Cairo, sino también en las zonas rurales de municipios como Palmira, Jamundí y Tuluá.

Por otro lado, siempre escuchamos en los discursos las intenciones de fortalecer y apoyar los emprendimientos campesinos y étnicos. Sin embargo, estos discursos omiten una parte importante de la ecuación: de nada sirve darles apoyo y hasta capital semilla a estos emprendimientos y producciones agrícolas, si estos no logran tener bienes públicos que les permitan vender y movilizar sus productos, ya que el gran potencial de venta está en las ciudades y centros urbanos. Así mismo, una mejor infraestructura vial les permite ser más productivos gracias al acceso a nuevas tecnologías e insumos baratos.

Por esto, cuando hablo de bienes públicos, hablo de red terciaria, pero además de la necesidad de contar con otras infraestructuras como agrocentros que sirvan para consolidar la producción agrícola regional, su conexión con los nodos de comercio exterior y hacia el resto del país.

Según el último inventario vial realizado por la Gobernación del Valle del Cauca en 2019, cerca del 75% de las vías del departamento son terciarias y solo el 14% está en buen estado. A pesar de los esfuerzos de la Gobernación y de los municipios, hoy el panorama puede ser incluso peor después de la reciente temporada invernal, que en algunos lugares casi borró lo que se hubiera considerado una vía terciaria.

ProPacífico realizó el estudio denominado ‘Vías terciarias: oportunidades para su fortalecimiento en el Valle del Cauca’, este cuantifica que se requerirían cerca de $2,5 billones en un horizonte de 15 años para poner a punto y mantener en óptimas condiciones nuestra red departamental. Un reto enorme, por lo que debemos avanzar en priorizar los corredores y sofisticar las herramientas de gestión de activos viales. Hacer de esto un propósito común de región es clave. La convergencia de recursos es fundamental, debemos aprovechar la decisión política del actual Gobierno Nacional de financiar estas vías para sumar recursos propios de la Gobernación y las alcaldías, además de regalías, obras por impuestos, e incluso de cooperación internacional.

Según este estudio, que al final es una herramienta que busca contribuir a la priorización de las intervenciones en la red rural, unos de los corredores que se destacan en una primera fase son: el corredor Roldanillo – La Tulia – Trujillo – Riofrio, las vías hacia el Águila y el Cairo, todas de gran importancia para consolidar las apuestas productivas y el turismo, de esta zona del departamento. De igual manera en la región sur, los corredores en Dagua y la Cumbre, lo mismo que en las zonas rurales de Palmira y Cerrito, solo por dar algunos ejemplos.

Las vías terciarias deben estar en nuestra agenda regional de prioridades como complemento indispensable para los grandes proyectos que hemos venido impulsando. Solo con territorios rurales fortalecidos y conectados, seremos más competitivos y alcanzaremos el desarrollo regional reduciendo las disparidades y la pobreza.

*Tomado de elpais.com.co

Puedo parecer ‘disco rayado’, pero nuevamente debo escribir sobre el MÍO. Contar con una movilidad urbana sostenible nos permite a los ciudadanos tener una ciudad con mejor calidad de vida. A los que montan en el sistema y a los que no.

El MÍO nos debe preocupar a todos, porque si este no funciona, todos los ciudadanos perdemos. Por la contaminación, por el desorden que vivimos actualmente, por los tiempos de desplazamiento de quienes nos movemos en la ciudad. Por esto, tanto para usuarios como para no usuarios, es necesario contar con un sistema de transporte público de calidad que llegue a todos los sectores, que sea puntual, cómodo y sea seguro.

Recientemente, la Alcaldía socializó una serie de estrategias para implementar un Sistema Inteligente e Integrado de Transporte Público, que se financiaría con los $ 1,3 billones aprobados por el Concejo con cargo a la sobretasa de la gasolina. Lo anterior sustentado en la consultoría realizada por la firma Transconsult. Al respecto, surgen muchas inquietudes cuando la alcaldía y MetroCali han tratado de llevar las recomendaciones de la consultora a la práctica.

Preocupa profundamente que faltando solo cuatro meses para finalizar esta administración se pretenda invertir cerca de $383 mil millones, sin que se sustente de manera precisa cómo estas inversiones van a mejorar los costos de operación, la calidad del servicio al usuario y el aumento de pasajeros.

En particular, no se ha sustentado por qué se prioriza la compra de flota de buses y no otras estrategias que pueden tener efectos más inmediatos sobre la sostenibilidad del MÍO y la oferta de transporte al ciudadano, tales como la recuperación de flota existente para aumentar frecuencias, evitar la invasión de carriles del MÍO, controlar los colados en el sistema, entre otros. Pero además, no es claro quién operaría estos buses: ¿Los concesionarios privados actuales? ¿Un nuevo operador privado? O, ¿se creará un nuevo operador público? Cualquier escenario de estos implica un riguroso proceso de estructuración que aún no se conoce.

Por otro lado, si bien es fundamental apostarle a la integración entre el MÍO y otros componentes del transporte para mejorar la accesibilidad de los ciudadanos, todavía no se entiende cómo se hará esto y cómo el MÍO seguirá siendo eje principal de la movilidad local. Hacerle mantenimiento a los carriles mixtos de la Simón Bolívar es bueno; sin embargo, ¿por qué priorizar esto y no el tramo III de la troncal oriental? O, ¿por qué no hacer las dos cosas?

Finalmente, no se entiende cómo en esta coyuntura se pretende modificar el Convenio de Vías entre Metrocali y la Alcaldía de Cali. Dentro de esta modificación se pretende disminuir la relevancia del MÍO, renunciando a elevar su oferta de transporte, al ajustar la programación de la operación del MÍO de acuerdo a lo que la Alcaldía disponga en el presupuesto para el Fondo de Estabilización FESDE. Obligar a Metrocali a ajustar la programación de la operación del MÍO de acuerdo al recaudo, es minimizar al masivo a su mínimo expresión y no brindarle un servicio de calidad a los ciudadanos.

Preocupación es la única palabra que tengo frente a este tema. Invito a todos los caleños a que no perdamos de vista la gravedad de este asunto. Sin MÍO no habrá Tren de Cercanías (que estamos ad portas de entregarlo para viabilidad técnica al Ministerio de Transporte) y sobre todo, sin MÍO no habrá calidad de vida para los caleños.

*Tomado de elpais.com.co

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