Durante el III Gran Encuentro PRO que tuvo lugar en Cali, alrededor de un centenar de líderes empresariales de todo el país que hacen parte de la Red PRO reafirmaron su compromiso con el diálogo social y la generación de oportunidades. Ya son 69 programas en marcha, enfocados principalmente en empleabilidad, emprendimiento y liderazgo, que se están articulando en el marco de la estrategia Compromiso Pro, anunciada por la misma red hace un año.


A esta tercera versión asistieron representantes de toda la red, conformada por ProAntioquia, ProBarranquilla, ProBogotá, ProRisaralda, ProSantamarta, ProSantander, ProTolima; ProBoyacá como invitado especial y ProPacífico como anfitrión de este espacio, que se llevó a cabo en el Tecnocentro Somos Pacífico, en el barrio Potrero Grande, al oriente de Cali.


Durante el desarrollo de la agenda se ratificó la importancia del diálogo y la escucha como el camino para construir conjuntamente una hoja de ruta para avanzar en las transformaciones que necesita el país, con una visión de largo plazo y desde los territorios, que refleje la diversidad que nos caracteriza.


Un diálogo desde la sociedad civil, que integre las voces de empresarios, jóvenes, comunidades y lideres sociales, es la manera a través de la cual la Red Pro hace parte de las grandes conversaciones públicas que actualmente cursan en nuestro país, tales como la implementación del Plan Nacional del Desarrollo y las reformas en trámite.


Los participantes coincidieron en que estas grandes transformaciones deben partir de fortalecer lo que funciona y construir nuevas realidades a partir de los retos, pero siempre asegurando que realmente contribuyan al mejoramiento de la vida de los colombianos, a la generación de empleo formal para la población más vulnerable y mejor acceso a la salud con calidad y oportunidad para todos.


La RedPro ratifica su apoyo y compromiso con la defensa de la institucionalidad, la libre empresa, las libertades individuales y el fortalecimiento de la democracia como los pilares en los que creemos y los cuales fundamentan nuestro accionar.

Muchos de nosotros recordamos la celebración de nuestros primeros cumpleaños o los abrazos recibidos por papá y mamá.  Tenemos infinidad de momentos guardados en nuestro baúl de recuerdos, pero no somos tan conscientes de cómo han determinado de manera directa quiénes somos. El tipo de vida que pueda tener un adulto, sus condiciones de desarrollo en términos fisiológicos, sociales, culturales, educativos y económicos se condiciona desde la primera infancia y es precisamente esta etapa de la vida que marca el tipo de persona que vamos a ser.

Los argumentos para determinar la importancia de la primera infancia no solo se basan en lo ético, cultural o legal. Los economistas han demostrado cómo el retorno de inversión en la primera infancia, comprendida desde los 0 hasta los 6 años, es la mayor comparada con inversiones realizadas en otras etapas de la vida.

Pero aun teniendo todo tipo de justificaciones para priorizar a la primera infancia, en Colombia seguimos como sociedad sin garantizarle a los niños y niñas sus derechos a recibir una atención integral que comprende educación inicial, reconocimiento y afecto, salud, seguridad, espacio público, nutrición, etc. Lograr esta atención holística es un compromiso de todos. Por un lado, desde el sector público se deben diseñar las políticas y garantizar los recursos necesarios, pero los demás actores de la sociedad somos corresponsables para que suceda de esa manera.

Por esta razón distintos actores del sector privado junto con 16 organizaciones del tercer sector del Valle del Cauca, ProPacífico y la Universidad Javeriana de Cali, comprometidos con aportar en la promoción y protección de la primera infancia, trabajamos juntos en la gran Alianza el Mejor Lugar para creSER. Desde este trabajo articulado y comprometido, estamos promoviendo la toma decisión tanto pública como privada basada en la evidencia. Es decir que, con los datos podemos entender de manera clara dónde están las brechas y es allí donde debemos poner los esfuerzos.

¿Cuál sería el esfuerzo ideal para impulsar verdaderamente la primera infancia? Primordialmente ampliar la cobertura en los Centros de Desarrollo Infantil, jardines o hogares comunitarios. Hoy, en Cali sólo el 20,4% de los niños y niñas, entre los 0 y 6 años, asiste a programas de educación inicial en el marco de la atención integral. Esto no sólo afecta el desarrollo de esos niños y niñas, sino que también imposibilita que las mujeres entren al mercado laboral, perpetuando la trampa de la pobreza. Luego de que tengamos la cobertura se debe garantizar la calidad en la atención. También es determinante que estos niños se alimenten adecuadamente para que su desarrollo físico y cognitivo se dé en buenas circunstancias. El acceso a la salud en esta etapa se debe dar desde el vientre de la madre y es determinante para identificar enfermedades.

Desde la articulación de las fundaciones empresariales del Valle del Cauca y norte del Cauca estamos generando más inclusión social al invertir en la primera infancia. Por un lado, una inversión más focalizada debido a que está basada en la información y los datos, y por el otro en programas y proyectos con alto impacto en el cierre de brechas. Creemos que es preponderante que nos comprometamos todos a invertir en quienes son el presente y el futuro de Cali, el Valle del Cauca, la región Pacífico y Colombia.

Ya pasó el mes de los niños y esta termina siendo una fecha simbólica. Que sea una oportunidad para comprometernos realmente con quienes, en breve, liderarán el destino de nuestra patria.   

De los 22,1 millones de colombianos que están en edad de trabajar, el 57,9% no tienen un empleo formal, entendiéndolo, entre otras cosas, como aquel que paga al menos el mínimo y todas las prestaciones sociales de ley. Al leer la reforma que el gobierno radicó en el Congreso de la República, queda la sensación de que esta sólo les habla a los colombianos empleados. Entonces, ¿cómo la actual reforma responde a las necesidades de los colombianos que hoy no hacen parte del mercado laboral formal? ¿Es esta la gran reforma que realmente necesita Colombia? Con más de medio país en la informalidad, la respuesta es: NO.

A través de Compromiso Valle –herramienta de impacto colectivo que por más de 20 meses ha buscado crear oportunidades para los más vulnerables- hemos conocido miles de historias que nos han permitido identificar la cara de la vulnerabilidad en nuestra región: en su mayoría mujeres entre 18 y 28 años, 40% de ellas sin bachillerato y la mitad de ellas con uno o más hijos y buena parte se autorreconocen como afrodescendientes. Esto es consistente con lo que el Dane nos dice cada mes cuando identifica que el mayor problema de desempleo en nuestro país y región se concentra en mujeres, afrodescendientes, con hijos. Tener esas características no puede ser una sentencia a la pobreza y ese es precisamente el ciclo que está identificado y que debemos atacar y romper.

¿Cómo les responde la reforma laboral a estas mujeres? A través de Compromiso Valle hemos entendido que estas mujeres piden flexibilidad en sus horarios porque también quieren tener tiempo para dedicarles a sus hijos. Querer tener trabajo parcial no puede ser un privilegio de las mujeres con recursos. Piden, además, un sistema de cuidado más robusto, público y privado para la primera infancia y los adultos mayores, lo cual facilitará su empleabilidad. Es increíble la cantidad de mujeres que nos dicen que no pueden acceder a los trabajos disponibles, simplemente porque no tienen con quién dejar a sus hijos, abuelos o sobrinos. Solo para citar un ejemplo, buena parte de las guarderías reciben a los niños a las 8:00 a.m., y los entregan a las 4:00 p.m., pero, ¿qué trabajo formal de tiempo completo permite que una mamá lleve y recoja a sus hijos en esa franja horaria?

Más allá de la discusión de genero, ¿qué le dice la reforma a los jóvenes que no quieren quedarse toda la vida en la misma empresa? Los jóvenes de hoy quieren flexibilidad y un Estado que facilite a empleadores y empleados el tener contratos de trabajo por horas o días. Hoy es imposible contribuir al sistema de seguridad social parcialmente. Esto sólo deja por fuera de la formalidad a muchos trabajadores, dejándolos descubiertos ante riesgos laborales y desempleo, incentivando la informalidad, y por ende condenando a la pobreza a quienes tienen estas modalidades de trabajo que no son nuevas.

Es claro que la mayor demanda de flexibilidad no implica menos derechos, sino entender nuevas formas de trabajo como, por ejemplo, el trabajo por horas tan avanzado en otros países. Los riesgos laborales tienen que ser debidamente asumidos por el que tiene la mejor capacidad para hacerlo a través del régimen actual con las ARL o a través de seguros todo riesgo. Se debe regular un seguro de desempleo y no obligar a los empleadores a tener empleados que no necesitan.

En los discursos cabe todo, pero la realidad es mucho más compleja. La reforma laboral no es una guerra entre empresarios y trabajadores. Por el contrario, puede ser una oportunidad para darle opciones de vida reales a los millones de colombianos y colombianas que hoy no tienen acceso a la formalidad, ni a sus beneficios. Esto sin acabar con las micro y pequeñas empresas en el intento.

*Tomado de elpais.com.co

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